Siembra

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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No tiene presa mala; algunas de sus canciones son íconos imperecederos de la salsa. Hace 40 años se presentaba ante el mundo el álbum “Siembra” que, considerado uno de los mejores de todos los tiempos y quizás el más vendido la historia de la salsa, mostraba a un joven cantante y fantástico compositor, Rubén Blades, junto a ese monstruo que es Willie Colón. Un par de referentes inmortales, ya no del género sino de la música urbana contemporánea.


Ese abogado panameño graduado hacía pocos años, apasionado por la música, es compositor de numerosos éxitos, destacándose en esta colección con “Plástico” y, claro, esa opereta genial intitulada “Pedro Navaja”. Blades puede situarse dentro del género salsa intelectual por la profundidad y erudición de sus composiciones, salsa protesta por el contenido social de sus mensajes, o en el latin jazz por sus estilo, cadencia y entrega. No sólo esos clásicos se escucharon por todo el planeta: “Buscando guayaba”, “Ojos”, “Dime”, “María Lionza” y “Siembra” completaron la magistral producción. El álbum de 7 espléndidas joyas rescató a la salsa de una etapa decadente, y elevó la vara por la calidad de las canciones, los extraordinarios arreglos y sentidos mensajes. Ese álbum es imposible de imitar, único en su especie, mágico.

Hemos insistido siempre en la influencia de la música clásica (basta mirar la formación académica y las interpretaciones de Eddie Palmieri, Richie Ray o Luis “Perico” Ortíz, por ejemplo) y la literatura en los más encumbrados creadores e intérpretes de la salsa. En el caso de “Pedro Navaja”, se inspira en “Mack the kinfe”, que ha sido interpretada por estrellas como Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Frank Sinatra o Doménico Modugno. Considerada una accidentada historia criminal musicalizada, se basó en la historia real de Jack Sheppard, y se plasmó en “La ópera del mendigo”, de John Gay. Dos siglos después, el compositor Kurt Weill y el dramaturgo Bertold Brecht la actualizaron, hacen más cruel al personaje central, y Brecht le imprime su toque político. La canción, relegada al olvido durante la Segunda Guerra Mundial, fue rescatada en los Estados Unidos y puesta nuevamente en escena. Pedro Navaja, emulando a Jack Sheppard, se escenifica en los bajos mundos neoyorkinos, y sus protagonistas son el asaltante y la prostituta callejera. Pedro Barrios intenta atracar a Josefina Wilson con un trágico final. Mueren ambos: ella, por las puñaladas de Pedro, y éste por un disparo de Josefina. La historia dio para dramatizaciones teatrales y una película, además de numerosas adaptaciones. Este himno de la calle fue el motor de las ventas del álbum; curiosamente, por su extensión, el productor no quería que se grabara.

“Plástico” es una crítica al ridículo arribismo social en el que caen algunas personas que se apartan de su esencia, llegando al agobio económico por aparentar lo que no son, algo que a los demás poco importa. La canción describe a hombres, mujeres y parejas sumergidas en mundos artificiales, enseñando a sus hijos caminos sin valor. Exhorta al latino a recuperar su naturaleza y a luchar por su continente, mensaje que en “Siembra” nos volvemos a encontrar.

En “Buscando guayaba” encontramos un delicioso muestrario de interpretaciones musicales; se lleva los aplausos ese soberbio “solo de boca” a mitad de camino que sustituye la guitarra de Yomo Toro, ausente durante la grabación (“oye, el guitarrista no vino”). Las cuerdas vibran desde la garganta de Baldes, mientras el piano marca y acompaña, para que la percusión y los vientos entren después a rematar la pieza con la vocalización del panameño. Los venezolanos, particularmente los de Yaracuy, adoran a su María de la Onza del Prado de Talavera de Nivar, personificada en “María Lionza”, a quien le piden milagros, dinero, amor. “Ojos”, única canción del álbum no escrita por Blades, es autoría de Johnny Ortíz, y describe todas las miradas con las que nos asomamos al mundo. En “Dime”, la tusa está presente mostrando el dolor de una pena de amor y el difícil deseo de arrancarla del corazón.

Y, “Siembra”, que le da el nombre al álbum, trae un claro mensaje: “Usa la conciencia, latino; no la dejes que se duerma, no la dejes que muera”. Han pasado 40 años, y esta recopilación de arte musical sigue más viva que nunca. Sus mensajes nunca mueren.

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