Reseña histórica: Agro y desarrollo económico

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

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El modelo económico implementado durante la colonia era simple: Extracción de metales preciosos, y agricultura bajo el modelo de haciendas.  Sin duda, los primeros terratenientes fueron españoles y sus descendientes.

Lograda la independencia y en búsqueda de una identidad propia se producen conflictos civiles entre facciones opuestas, desgastándose el país en estas guerras.  Terminada la Guerra de Los Mil Días y pérdida la provincia de Panamá, una nación quebrada y sin acceso a crédito internacional busca desesperadamente un camino de desarrollo viable.

Así recibió Reyes el país, e inicia la etapa conocida como el Quinquenio.  Reyes implementa en Colombia el modelo económico que básicamente perdura hasta nuestros días y entre las medidas adoptadas crea fuertes barreras proteccionistas para incentivar la industrialización y un mercado interno importante.

Reyes invito a multinacionales a invertir en el país a cambio de condiciones muy favorables.  La adjudicación de baldíos, generalmente a sus amigos militares o personas pudientes, posteriormente se extendió a las multinacionales.  El desarrollo económico y la explotación del agro y la creación de empleo dependieron de este capital privado.  Esta es la segunda generación de terratenientes en la naciente patria, pero valga la pena resaltar que la tierra en ese entonces por ser tan abundante e inculta y por requerir grandes inversiones no valía nada.  No era motivo de conflicto social. 

En Antioquia, caso particular, la expansión de la frontera agrícola se hizo a lomo de mula, en minifundios y de la mano del café.  El modelo de haciendas cafeteras de la colonia, con integración vertical fue ruinoso; por esto los caficultores desintegraron la cadena productiva y lograron darle sostenibilidad a este renglón.  Esta dinámica define la vocación agrícola del país, y consecuentemente se dan algunas  bonanzas agrícolas; algunas aún perduran en el imaginario colectivo por diferentes razones.

Más tarde en el siglo veinte se dan reformas agrarias, supuestamente porque la violencia política era causada por la tenencia de la tierra. Idea quizás arraigada en la versión mítica de la Matanza de Las Bananeras a la luz de interpretaciones socialistas. Todas fracasaron, incluida la de Lleras Restrepo, que además se hizo dentro del marco de las recomendaciones de Prebisch y la política de sustitución de importaciones que fue la condena de América Latina. 

La historia no se detiene, y por los efectos de la violencia política y las oportunidades ofrecidas por las nuevas urbes gracias a la industrialización, Colombia se transforma y deja de ser una nación rural para convertirse en urbana.  Una transformación profunda en donde el país intenta la ciudad con sus centros de producción sea el motor económico del país.  Muchos campesinos cambiaron el azadón por la fábrica.

Aunque la agricultura siguió siendo importante en nuestra canasta de bienes exportables, otros renglones de la economía comienzan a diversificarla.  Por ejemplo, el ensamblaje de carros, producción de autopartes, petróleo, gas, minería y turismo, entre otros.

Con una industrialización incipiente llega la era de la tecnología informática que junto con otros avances en transporte, hacen de la globalización una realidad.  Prácticamente, cualquier ciudad del mundo queda a un clic de distancia y los bienes pueden ser producidos y transportados a velocidades pasmosas.  Esto abre oportunidades para el país, como por ejemplo los call centers, pero a la vez trae grandes retos.  Ya es imposible para cualquier país ser una isla, y esto tiene consecuencias fundamentales en la formulación de políticas públicas y desarrollo económico.

En conclusión, en los últimos cien años la canasta exportable se ha diversificado de forma importante, y cada vez la agricultura tiene menos pesos en ella.  Por otro lado, el agro como industria alcanzó niveles de tecnificación increíble, que lo coloca a niveles de high tech.  El país ya no solo vive del agro.  Hoy la valoración de la tierra ha cambiado.  Ya no se considera un bien abundante sino escasísimo.  La maximización de su uso como industria demanda grandes inversiones.  En un país mayormente urbano, como lo es Colombia, con una canasta exportable más diversificada, la tenencia de la tierra no debería ser la causa primaria del conflicto social o de la violencia.  Es dentro de este contexto que debe valorarse lo que propone el candidato Petro, lo cual haremos en la próxima columna.

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