Lo que promueve el “mínimo” en Colombia

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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

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El ser humano en cuanto a sujeto pensante y actor social, se constituye con base a un contexto cultural, político y económico que fundamenta su ser en el mundo, sus ideas y valores éticos.
Cuando reflexiono con detenimiento y análisis el presente de nuestro país, encuentro y no es porque lo digan los medios sino porque es evidente, una inequidad generalizada frente a la satisfacción de las necesidades básicas, las cuales son las que nos permiten no solo una vida plena en comunidad, sino también su despliegue. No obstante, empero, ya no es el momento de referirse a lo que es patente a nivel global, sino poner en evidencia lo que la crisis humana promueve, en este caso en el contexto colombiano.

Por ejemplo, en un viaje por avión, observaba los hermosos paisajes de los cuales somos afortunados como colombianos. Pero también miraba la cantidad de terrenos baldíos y me preguntaba: ¿cómo es posible que exista tanta tierra desolada y hayan personas sin un lugar donde vivir? También: ¿por qué hay campesinos sin tener donde hacer su oficio que les permita tener unos ingresos y sostener a sus familias?. Estos interrogantes para mí constituyen el principio de la injusticia social y muestran con evidencia lo que realmente somos los seres humanos: criaturas egoístas, con innato deseo de acumulación innecesaria.

En medio de ese breve panorama de crisis de humanismo que he descrito, también pretendo reflexionar sobre otras manifestaciones de la inequidad en Colombia y tiene que ver con la relación de ingresos de unas personas con respecto a otras, producto de una actividad laboral. Es así, que cada año se ve con expectativa, pero siempre con el mismo resultado el aumento del salario, donde empresarios y representantes de los trabajadores se sientan a “discutir” su ampliación, cuyo resultado es la puesta en evidencia de la grave inequidad social en la que se encuentra sumido el país, porque en términos matemáticos una vez se produce el precario aumento del salario, de manera directamente proporcional se incrementa el valor de la gasolina, la canasta familiar, y este 2018 de manera extrema el SOAT, además de todos los impuestos.

Entonces, ¿Qué genera esta situación de caos humano y de la inequidad en Colombia?. Fundamenta una consciencia, un estilo de vida, un pensamiento, una ratio. Que traduzco en “una guerra de todos contra todos” al estilo hobbessiano. Lo cual también promueve la famosa corrupción en distintos rangos, la idea de la ventaja en toda actividad, el pasar por encima del otro. Es una especie de mecanismo de supervivencia que hasta cierto punto se justificaría en medio de una selva de cemento en la que “cada instante es un milagro”. Pero, cómo traducir esta teoría en el contexto macondiano?.

En respuesta, todos los seres humanos queremos disfrutar del “progreso”, “desarrollo” que nos ofrece la sociedad moderna, ya que sumidos la inmensa mayoría en todo aquello que promueve el sistema como avance histórico desarrollado por el mismo hombre y que constituye el presente. Consideramos por ejemplo, el consumo como felicidad y máximo placer, traducido en las compras del centro comercial, los teléfonos inteligentes y la rumba, para lo cual se necesitan los medios económicos. Sin embargo, cómo participar de este proceso histórico en medio de la inequidad social? “Afortunadamente” La gran mayoría de los colombianos sí participa de la modernidad, del “progreso” y “desarrollo”, eso sí, lamentablemente a costa de la ilegalidad. Por ejemplo he escuchado de familias en la que todos sus miembros venden su voto por cien mil pesos cada uno, en ese sentido a parte del paupérrimo salario entonces hay un incremento “extra” para participar de la modernidad. El patrullero que gana lo básico, en medio de un operativo se deja sobornar y ya tiene algo “extra”, los usuarios de los buses articulados en las principales ciudades que ingresan ilegalmente, reducen sus “gastos” del mes y pueden disfrutar del “progreso”, etc...

Finalmente, de manera somera he intentado mostrar un poco lo que es común a todos como colombianos, lo cual ya no produce escándalo, ni repudio, solo lo vivimos y constituye una cultura. Un “cultivo” promovido en parte por el mínimo.

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