Ronaldinho, fútbol hecho magia

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Todavía duele. Aquella selección colombiana vestida de azul estaba lista para ir a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Hace 18 años, la casi segura clasificación se transformó en un vergonzoso azote para el ego futbolero nacional. Podíamos perder por cinco goles de diferencia, pero la valla tricolor recibió nueve perforaciones; el estadio del Café de Londrina (vaya paradoja) fue la tumba de ese onceno y Brasil nuestro verdugo. Aun lastiman las arrogantes palabras del técnico cafetero Javier Álvarez: “Al equipo que cojamos mal parado lo goleamos”. Fue al revés: nos arrollaron sin misericordia. En ese partido, un “carasucia” brasilero, alto, delgado y nada agraciado se asomaba al mundo futbolístico con una destreza asombrosa. Un gol de cabeza y otro de penalti fueron la impronta de ese jovenzuelo llamado Ronaldinho Gaúcho.

En el Gremio de su natal Porto Alegre inició una fulgurante vida futbolística. Firma su primer contrato profesional a los 17 años, y a los 20 salta el charco para aterrizar en el PSG tras un polémico traspaso. En 2003 llega al Barcelona, en donde desplegaría su magia; rápidamente se encumbró al pináculo del balompié mundial. Sus jugadas imposibles, pases geométricos y sus goles, fantasía de billar, alegraban la tribuna del Camp Nou. Los títulos y trofeos llegaban abundantes, y el planeta fútbol gozaba con su nueva estrella, tanto que la tribuna del Bernabeu le aplaudió en 2005 una soberbia actuación: los únicos antecedentes fueron Diego Maradona, y Julen Guerrero, del Athletic de Bilbao. Obviamente, Eto´o, Xavi, Kluivert, Deco, Carlés Puyol, Saviola, Iniesta y Lionel Messi, entre muchos cracks culés, además de Titi Henry -con quien pierde después la titularidad-, fueron músicos de reparto de la incomparable orquesta dirigida magistralmente por Ronaldinho.

Pero la fama, el dinero y la noche combinadas muchas veces hacen estragos, y la encantadora Barcelona no es la excepción. Las noches barcelonesas rubricaron el inevitable declive de Ronaldinho. La llegada de Pep Guardiola al Barça en 2008 fue la puerta de salida del brasileño. Milán lo recibe, inicia bien pero su rendimiento decae, y en el equipo rossonero cede su lugar a David Beckam. Para la siguiente temporada, Berlusconi recupera a Dinho y el brasileño recupera su alegría. Pero en 2001 regresa a su patria, y el Flamengo es su siguiente destino. Rumbero fustigado, Ronaldinho acallaba a sus críticos con goles, al mejor estilo de Romario, pero esa felicidad duró poco; declaraciones desafortunadas lo sacaron de la plantilla carioca. Atlético Mineiro lo recibe y su nivel deportivo retorna enorme, adornado ahora con la invaluable experiencia que aporta para otra colección de títulos. El Querétaro de México y el Fluminense de Brasil son testigos de sus últimos cartuchos, bajos de pólvora. Sin ilusión ni inspiración, la alegría de jugar desapareció y las ambiciones se esfumaron.

Su extenso palmarés indica que es el único futbolista de la historia en conseguir los seis trofeos más importantes del mundo: Copa América, Copa del Mundo, Copa Confederaciones, Balón de Oro, UEFA Champions League y Copa Libertadores. Un dato interesante: asistió el primer gol de Lio Messi con el Barcelona, en 2005. Eximio ejecutor de tiros libres, marcó 76 de sus 333 goles oficiales con pelota detenida. Fueron 19 títulos en campeonatos oficiales, 10 en torneos amistosos, y 47 distinciones individuales. Record espléndido.

Si cada obra de arte en el futbol se pudiera plasmar, no nos cansaríamos de apreciar las de Ronaldinho. Su repertorio de fascinantes gambetas, insuperable: rabonas, elásticas, vaselinas, bicicletas, autopases, sombreros triples, cola de vaca y espaldinhas son jugadas que gozaba con el desparpajo del futbolista de portero, del pícaro “perrateo”, de la gambeta perfecta. Rey del dribling, pudo ser de largo el mejor de la historia; condiciones le sobraron. Pero era demasiado brasilero: rumba y saudade le restaron puntos al autor de lo imposible, a quien desafiaba la lógica y la física. Su paulatino ocaso no fue noticia porque empezaban a brillaban con luz propia dos astros: Messi y Cristiano Ronaldo. Sin embargo, en esta era de big data, ahora cuando anuncia su recogimiento final, siempre habrá ocasión de rememorar su grandeza. Internet es la biblioteca en donde reposan los mejores recuerdos de Ronaldo Assis Moreira, el mago de Porto Alegre, rey de reyes, el mejor gambeteador de la historia. Gracias, Bruxo.

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