Mochila, ropa y más na’

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Luis Reyes Escobar

Luis Reyes Escobar

Columna: Opinión

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Siempre he vivido acompañado de una paz interior¬ – difícil de superar – que atribuyo al haber nacido y crecido en el caribe colombiano; pero debo aceptar, que el saber que estaba a punto de irme a vivir a Nueva Zelanda, uno de los cinco países más seguros del mundo, definitivamente me dio una dosis extra.

Tan solo llevaba 7 días de haber pisado la isla cuando fui despojado de todos mis artículos de valor. Únicamente me dejaron mi mochila, mi ropa y más na’. La sensación de estar en un país extranjero, sin dinero, sin identificación y otras tantas cosas, no es para nada deseable; sin embargo, eso no fue lo más duro. Por un lado me sentía culpable y tonto, mientras que por el otro era víctima de señalamientos de cualquiera que se sintiera con una dosis extra de perspicacia. Esto me enseñó que el robo va más allá de una perdida material, también atenta contra tu integridad psíquica y emocional.

Enfrentar esto me llevó a reflexionar acerca de lo que podía pensar y sentir el colombiano promedio, cuando se entera de escándalos como los que actualmente se están destapando en Colombia, en donde ciertos personajes se apropian de recursos públicos, sacando provecho de su posición privilegiada y haciendo uso indiscriminado de lo que algunos mal llaman “malicia indígena”.

Revisar lo que decían los conocedores del tema fue mi primera tarea. En esta encontré que las víctimas de robo pueden experimentar estados nerviosos, ansiedad, pesadillas, paranoia, entre otros. Acto seguido, hablé con unas cuantas personas, leí noticias, navegué un poco en las redes sociales e hice un contraste entre la realidad percibida y lo dicho en los estudios consultados. Me quedó la sensación de que los comportamientos descritos por los médicos no guardaban relación con los nuestros y la única explicación que encontré, fue que a pesar de ser conscientes de que fuimos robados, no tuvimos que meter las manos a nuestros bolsillos cuando se cometió el delito ni presenciamos como ocurrió. Pareciera que olvidáramos que ese dinero fue pagado con antelación a través del recaudo de impuestos, en otras palabras, fue un robo prepagado.

Mi última labor fue consultar acerca de la superación de la posible crisis generada por la pérdida material. Los doctores dicen que esto suele comenzar con un estado de negación hasta que no queda más remedio que aceptarlo y se hez invadido por un resentimiento enorme. Recuperarse toma su tiempo y dependerá exclusivamente del paciente. A pesar de eso, existen algunas recomendaciones profesionales como la de enfrentar la realidad de lo que pasó hablando del tema. Parece ser que esta es una práctica común en Colombia, ya que todo el mundo habla, opina, critica, recuerda otras situaciones similares; pero desde mi punto de vista, tiene un objetivo distinto al de dejar ese amargo suceso en el pasado. Mi juicio me sugiere que las discusiones que se dan tienen un tono morboso en el que disfrutáramos de señalar culpables, tomar partido, denunciar informalmente otros delitos, etc. Esta dinámica da la impresión de ser simplemente un desgaste de energía, porque hasta el momento, no he logrado percibir que nos detengamos a discutir como romper este círculo vicioso. La solución no luce muy complicada si partimos de la base de que la mayoría de veces esto es orquestado desde cargos de elección popular.

Para ser sincero, a pesar de lo encontrado me fue difícil llegar a una conclusión. Siento que nuestra reacción es como cuando nos enteramos que robaron al vecino debido a que Lamentamos lo sucedido, pero igualmente continuamos como si nada. Lo que si les puedo decir con firmeza, es que encontré una respuesta a la incómoda pregunta que algunos se atreven a hacerme ¿es verdad que Colombia es un país corrupto? A partir de hoy Les diré con mucha seguridad que no somos un país corrupto, somos una inmensa mayoría de gente honrada, honesta y trabajadora que ha sido gobernada por irrisorias minorías con acciones cuestionables.
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