Política, pasión y propaganda

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alicia Peñaranda Fernandez

Alicia Peñaranda Fernandez

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Twitter: @AliciaPenaranda

Web: APconsultoriapolitica.blogspot.com

Estamos en días preelectorales, en ninguna región del país los ciudadanos viven tanto la época de campaña política como en la región Caribe. En toda Colombia también hay fiebre de campaña y se vive la lucha política, la diferencia es que en nuestra región todos los ciudadanos vivimos en carne propia el furor y la pasión de las elecciones.

Aquí, de una u otra forma la sociedad entera está vinculada con algún candidato, partido o filiación política; en todas las casas de las familia samarias hay algún afiche, camiseta, manilla, botón, o elemento, de dos, tres y hasta cuatro candidatos. Desde principio de año empezaron con fuerza las cada vez más comunes campañas de expectativas, con las que el candidato hace propaganda "legalmente" sin decir su nombre, como si solo se tratara de un producto comercial.

En época de campaña las imprentas y las papelerías sienten lo mismo que una juguetería en diciembre, los clientes aumentan, la demanda sube y, por supuesto, proporcionalmente las ganancias. Aunque estamos a siete meses de las elecciones desde enero se siente que 2011 es un año electoral, en el que el quehacer político se mezcla con los jingles de campaña y la lucha por el poder la determina la propaganda.

Los carros se disfrazan de vallas ambulantes, tema que por ejemplo en Bogotá tienen toda la reglamentación del caso, pero que aquí, igual que en carnavales y Halloween, se le permite a todo el mundo de forma libre y sin restricción que vista el carro con el logo del candidato a quien decida ofrecerle publicidad "gratuita".

Las paredes de las casas, las paredillas de las calles, los árboles y los postes son también dispuestos para respaldar la imagen de algún partido o candidato, el que primero llegue; publicidad que perdura hasta cuando otro engruese el poste con un nuevo cartel.

En la calle además de recibir flyers (volantes publicitarios) de nuevos restaurantes o productos comerciales; empezaremos a recibir publicidad política que detalla planes de gobierno y las razones para votar por X ó Y. Llegaremos a nuestras casas con camisetas, viseras, lapiceros y demás artículos que la moda publicitaria en materia política dicte para esta temporada electoral.

Esto sucederá en pleno desde julio, fecha a partir de la cual está permitido legalmente el inicio de las campañas políticas; mientras tanto todo sucede tras bambalinas, todos se preparan porque saben que "el que pega primero pega dos veces". Colombia es un país de fiestas, Santa Marta es una ciudad festiva y así como gozamos los carnavales, como volvemos fiesta la Navidad, como celebramos la Semana Santa y la Fiesta del Mar, desde que somos niños aprendemos que la política se puede convertir en una actividad igualmente festiva, en una época de colores, sabores, música y emociones. Porque parece que se nos olvidara que lo que está en juego es la elección de quienes nos gobiernan.

Y somos los mismos electores quienes convertimos la tan importante jornada democrática en una lucha de egos donde el que gana es el que más brilla, el que más muestra, el que más gasta; lo que no se nos debe olvidar es que para brillar, mostrar y gastar, a no ser que el aspirante sea el noble heredero de una gran fortuna o un multimillonario con grandes ideales, todos los candidatos deben acudir a gigantescos prestamos económicos que, en el caso de ser elegidos, deben pagar con favores políticos, siendo este de manera indiscutible el principal factor de corrupción en todas las dimensiones.

Lo paradójico es que entre más pequeño es el territorio menos se regula el tema, más dinero se invierte y más se penetra la corrupción; sino, vamos a los demás municipios del Magdalena, donde entre más hambre hay, más plata gastan los candidatos en conjuntos vallenatos, botellas de ron, camisetas y publicidad ambulante.