¿Absurdo, Raro o diferente?

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Escrito por:

Luis Reyes Escobar

Luis Reyes Escobar

Columna: Opinión

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Con el sol del 16 de diciembre y el impredecible clima de Auckland, comenzó a crecer la nostalgia de no cantar villancicos ni sentir el rugir de la brisa – esa que llamamos la loca– pregonando el nacimiento del niño Dios y el fin de año. Pasados los días, recibí un mensaje de whatsapp al grupo de latinos diciendo “estoy organizando una novena en mi casa ¿quién se apunta?”. La alegría fue instantánea y durante los próximos cuarenta minutos, los colombianos nos apoderamos del chat discutiendo los detalles del evento. Los compañeros de otras nacionalidades dejaron notar su extrañeza al no interactuar en la charla, hasta que alguien preguntó ¿Qué es una novena? Google no tardó en sacarnos de la ignorancia mostrándonos que esta tradición solo hacia parte de las culturas colombiana, venezolana y ecuatoriana.

Experiencias como esta me llevó a eliminar la presunción de obviedad de mi cotidianidad, debido a que entendí que las perspectivas dependen de las experiencias de los individuos, por lo que no debo esperar que los demás vean el mundo como yo lo veo. A mi parecer, viajar ayuda a hacernos conscientes de ello; pero solo si nos damos la oportunidad de conocer los aspectos distintivos de cada cultura. A pesar de esto, existen viajeros que se preocupan más por mostrar lo envidiable que son sus aventuras, lo cual no es necesariamente malo, sin embargo, me llevó a cuestionarme ¿será que no se percatan de la riqueza cultural que los rodea?

El planeta en el que vivimos está lleno de una cantidad de particulares que mientras algunos las catalogan como raras o absurdas, yo prefiero llamarlas diferentes. Cosas tan sencillas como masticar chicle o dar un abrazo en público son prohibidas en Singapur. Otro claro ejemplo es que la señal de pulgar arriba – conocida como bacano– en algunos países del medio oriente es motivo de arresto. Estas y mucho practicas más, podrían convertirse en la peor experiencia o en la mejor enseñanza de tu vida, todo depende de cómo decidas recibirlas. Aun no olvido como en China mis rasgos físicos parecían invitar a los nativos a acercarse para tomarme fotos. La explicación del guía fue que yo lucia muy raro y así aprendí lo relativo que es todo.

Mis costumbres colombianas, caribeñas y samarias distan tanto de otras culturas, que a veces siento que soy de algún universo paralelo. Aun así, nunca pierdo la oportunidad de hablar con pasión y orgullo acerca de mis raíces y todos aquellos detalles que hacen a mi querida patria especialmente encantadora. En alguna oportunidad le conté a mi compañero de Japón que en mi país era normal pedirle al vecino cualquier cosa que nos hiciera falta para terminar algún trabajo en casa, también le dije a mi profesora neozelandesa que una que otra vez charlábamos con desconocidos en el bus y a mi amiga de Estonia que establecer contacto visual podía ser una forma de coqueteo. Para ellos todas mis historias parecían locuras, lo cual logré entender cuando me explicaron lo que definían como espacio personal.

Aun no sé si la gente da valor alguno a la diversidad cultural, pero lo que respecta a mí, puedo decirles que me llevó a descubrí que vengo de la tierra en donde nació la alegría, la sonrisa es un uniforme, hacer amigos es rutina y disfrutar la vida es norma. Muchos no pueden entender como con los problemas que tenemos podemos pasarnos de fiesta todo el año, y si contrastamos nuestra agenda política con todas las ferias; festivales; carnavales y reinados que aparecen en nuestro calendario, parecería una duda razonable. Sin embargo, tan solo basta eliminar la visión miope de las malas críticas, para darse cuenta de que el hecho de tener más razones para celebrar que para lamentar, es lo que nos ha mantenido perseverantes. Este 2018, a pesar de tantas vicisitudes y de los huesos duros de roer que vendrán, sé que saldremos victoriosos y encontraremos muchas más razones para seguir celebrando. Feliz año compatriotas.

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