Jerusalén la Capital de Israel y de Palestina

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

El Pájaro de Perogrullo

El Pájaro de Perogrullo

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]

Causa gran pesar y malestar que seguidores extremistas de religiones monoteístas hermanas se enfrasquen en disputas y peleas y para ello acudan a extremismos religiosos. Judíos, musulmanes y cristianos son hermanos.
Que crean una u otra cosa es indiferente. La verdad religiosa, si es que la hay, solamente se sabrá a la hora de la muerte. Así, lo que empezó con la caída del Imperio Otomano, como consecuencia de su derrota en la primera guerra mundial, salió mal y ha generado toda surte de conflictos, que en principio eran, y siguen siendo, meramente territoriales, exacerbados y magnificados por los extremistas religiosos.

Lo cierto es que Palestina, como se conocía históricamente, sin distingo religioso, tenía habitantes de varias religiones, quienes convivieron en relativa buena armonía por varias generaciones como parte del principio Otomano de no imponer y dejar vivir en armonía. A principios del siglo XX, sin embargo, se presentaron migraciones masivas de judíos al territorio histórico de Palestina. Como parte del Imperio Otomano, tanto judíos como árabes-musulmanes no tenía soberanía en ninguna parte del territorio palestino y eran simples súbditos. Con la caída, y la repartición de las provincias del Imperio Otomano entre las potencias vencedoras, a los británicos les correspondió lo que se denominó el Mandato Británico o Protectorado Palestino Jordano.

Bajo el mandato otomano y británico se presentaron dichas migraciones, las cuales comportaron compras masivas de tierras propiedad de árabes-musulmanes por parte de judíos. En el año 1948, se presenta la partición de la palestina histórica en dos partes: una judía y otra árabe. No obstante, y a pesar del esfuerzo internacional, ninguna de las partes quedó satisfecha. Los judíos, a regañadientes, aceptaron la misma y crearon el Estado de Israel.

En contraposición, los árabes-musulmanes no lo hicieron y, por el contrario, le declararon la guerra al nuevo Estado de Israel. Israel se defendió y como consecuencia de la guerra, de la que salió victorioso, aumentó su territorio.

No obstante, Transjordania (ahora Jordania) y Egipto, se anexaron de facto a Cisjordania y a la Franja de Gaza, respectivamente. Las diferencias siguieron. Los países árabes-musulmanes vecinos y los propios árabes-musulmanes palestinos, quienes fueron expulsados de sus tierras en la guerra de 1948, escalaron el conflicto hasta que se presentó una nueva guerra en el año 1967.

En ella, el Estado de Israel, nuevamente, salió victorioso. Ocupó los altos del Golán, la Franja de Gaza, Cisjordania y la Península del Sinaí. Para no ahondar más el recuento histórico, la solución debería ser la de los dos estados, ampliamente aceptada por la comunidad internacional, respetando la línea verde o frontera pre-1967, con Jerusalén también dividida en dos para los dos estados, como capital de dos naciones hermanas que deberían convivir en paz. Por ello, la decisión de Trump, dando la orden de trasladar la embajada americana de Tel Aviv a Jerusalén, aun cuando es una decisión libre y autónoma de un país, genera conflicto.

El traslado de la embajada no debería ser el resultado de una decisión en frío, sino el resultado de un proceso histórico donde se implemente cabalmente la solución de los dos estados, es decir, que al final existan y convivan dos estados soberanos e independientes y dos Jerusalén, con embajadas de todos los países a cada lado. Para ello, se deben respetar las fronteras pre-1967 y dar solución a los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, lo cual requiere generosidad del Estado de Israel con sus vecinos, a pesar de las diferencias, conflictos e intereses que se tengan.

Más Noticias de esta sección

Publicidad