Buldócer costeño

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

No hay necesidad de repetirlo porque es parte del conocimiento general del país: quienes se identifican como los grandes motores en el Congreso de la Republica, de los torcidos en el escándalo de Odebrecht, pertenecen a la clase política de la Región Caribe. Por eso los brasileros les pusieron el título de “ Los Buldócer”. La reflexión obvia es, hasta cuándo se va a postergar la decisión de esta sociedad alegre, trabajadora y en esencia sana, de borrar a la casi totalidad de su dirigencia política. No da espera una renovación de quienes por décadas han tenido el control de estas decisiones que son críticas en una sociedad, en una región y en un país. La oportunidad, como señala el adagio popular, “la pintan calva”, ante la proximidad de las elecciones de 2018, cuando se elegirán Congreso de la República y Presidencia de Colombia.


El descrédito que pesa sobre los costeños en el ejercicio de la política, primero no es nuevo y segundo es muy grave porque en general la política colombiana está totalmente desprestigiada no precisamente por transparente. Es decir, tal como nos ve el país, somos lo peor entre los peores, en compañía sin duda, de otros lugares de este adolorido territorio nacional. Es un problema que se ha soportado por décadas hasta el punto que se volvió natural la definición del ejercicio de lo que debe ser una noble actividad, como un claro ejercicio de clientelas. Yo vendo, tú compras, nada menos que los votos con los cuales se designan los gobernantes. Prevalen por décadas, las mismas familias cuyos miembros se dividen con frecuencia entre unos en la cárcel y otros en el Congreso. Los García de Sucre son solo uno de los múltiples ejemplos.

Hace mucho tiempo que tenemos un buldócer de esta parte del país involucrado en cuanto escándalo de corrupción se ha dado. No hay un atraco grande a los fondos públicos que no encuentre en alguno de nuestros cuestionados representantes, un ejemplo de cómo se ejerce el papel de buldócer. Sin embargo, si pertenecen a esa reducida élite social de nuestra región, no solo no les pasa nada, sino que todos se matan por asistir a sus fiestas, que con frecuencia son exageradamente vistosas. Recuerden varios matrimonios en alguno de los cuales ambos novios provenían de familias de buldócers. Pero eso sí, el que no estuvo invitado no existe en nuestra precaria alta sociedad.
Es el momento de plantear la erradicación de los políticos corruptos de la Región Caribe, porque no nos merecemos esa clase política. Y mientras ellos sean los dueños, nadie decente se atreve a meterse en el ejercicio de estas actividades. La única manera de lograrlo es no votar por ellos, pero debemos votar, así sea en blanco, para que surja esa transición entre los corruptos y los honestos en el ejercicio de la política costeña y debe empezar por donde se concentran estos buldócers: en las clases de mayores ingresos dónde los conocen perfectamente.

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