En defensa de ‘Ulises’ de James Joyce

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

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Cuando Sigmund Freud dio a conocer sus hallazgos sobre el sicoanálisis, los autores literarios comprendieron que se les había abierto un vasto campo para el desarrollo de sus obras.
En efecto, la novela psicológica se apoderó de la escena y la narrativa encontró el camino que desde hacía tiempo estaba buscando. Sin esa herramienta no hubiésemos leído jamás ‘La metamorfosis’ de Kafka, las obras de Virginia Wolf, ‘Santuario’ de William Faulkner, ‘El túnel’ de Ernesto Sábato ni otras novelas destacadas de la literatura universal. Podríamos hacer la comparación con el aporte del escritor irlandés James Joyce, autor de ‘Ulises’.

Joyce utilizó una técnica revolucionaria de narración: el monólogo interior. Sin este atrevido recurso nos habríamos privado de obras tan importantes como ‘El otoño del patriarca’ de García Márquez, para citar solo una de tantas joyas de la literatura moderna. Todo lo dicho anteriormente nos proporciona argumentos para discrepar de la opinión de Paulo Coelho, famoso escritor brasileño de actualidad.

Afirma Coelho: “Uno de los libros que más daño le ha hecho a la humanidad es ‘Ulises’. Es puro estilo. No hay más nada ahí. Si disecas ‘Ulises’ verás que es solo un tweet”. La ignorancia es atrevida, dice el refrán. Pero Coelho, curtido en el campo literario, no puede aparecer como simple ignorante de cosas que realmente conoce no solo en teoría sino en la práctica. Son obras suyas, entre otras: ‘El alquimista’, ‘El peregrino de Compostela’, ‘La quinta montaña’, ‘Verónika debe morir’ y ‘Manual del Guerrero de la luz’.

‘Ulises’ es un libro que introduce en la narrativa universal la técnica del monólogo interior, conocida también como “corriente de la conciencia”. James Joyce, a manera de experimento, estructuró su ‘Ulises’ en forma tal que sus personajes se desarrollan a través de la exposición de sus propios pensamientos.

En la obra no encontramos un narrador que nos explique lo que los actores han de hacer o están haciendo. Tampoco son narradores testigo, que certifican los hechos por estar en la escena o recibir el testimonio como interlocutores de los personajes principales.

Mucho menos hallamos en ‘Ulises’ al narrador omnisciente, conocedor privilegiado de todos los hechos, como si fuese un dios que todo lo ve y todo lo sabe. Joyce no se vale de los recursos narrativos tradicionales en cuentos y novelas anteriores a su osado monólogo interior, esa ‘corriente de la conciencia’ que permite narrar sin sujeción a las normas de la sintaxis, sin atenerse a los signos de puntuación y obedeciendo solo a la forma torrencial como los pensamientos van llegando a la mente de quien narra.

A manera de conclusión, y teniendo en cuenta que Paulo Coelho es una autoridad en literatura y por lo tanto no puede cobijarse bajo el rótulo de ignorante en la materia, tenemos que considerar inaceptable su infortunada afirmación; sobre todo porque desorienta a los lectores noveles y aun a estudiantes apenas iniciados en los estudios literarios. Parece ser un caso de celo literario, esta vez contra un autor fallecido en 1939 pero cuya importancia permanece vigente por ser un innovador del lenguaje universal.

El celo literario existe: Miguel Ángel Asturias, con el fin de rebajar los méritos de ‘Cien años de soledad’ afirmó una vez que la novela de García Márquez no era sino un mero plagio de ‘En busca de lo absoluto’ de Balzac. En el caso de Coelho llama la atención que este escritor, en la cima del éxito editorial, se vaya lanza en ristre contra la obra de Joyce. Para sopesar los conceptos de Paulo Coelho solo nos resta recordar a los lectores que, según consenso universal, las dos mejores novelas del siglo XX son ‘En busca del tiempo perdido’, del francés Marcel Proust y ‘Ulises’, de James Joyce.

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