Sueños son

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Nos enseñaron desde chicos a decir que “soñar no cuesta”, que podemos hacerlo cuantas veces nos venga en gana y que ojalá le demos rienda suelta a nuestra imaginación para que los sueños crezcan y vuelen sin parar hasta perderse en el infinito. Las abuelas decían, por ejemplo, que antes de poner un pie en la tierra cada mañana, tenían que tener un nuevo sueño, porque de otra forma no habría tenido sentido despertar.
De ahí, la contundencia de Italo Calvino en El Barón Rampante: “…no pocas veces la imaginación explica mejor y con profundidad lo que pasa en una sociedad que las novelas realistas a través de una simbología que ha de ser entendida”

La ciudad es ese espacio una vez imaginado y creado por la sociedad en el que quiero que nos sumerjamos hoy y al que te invito, lector-a, a que nos dejemos arrastrar por los sueños que nos inducen a pensar el territorio que decidimos habitar, dejándonos llevar por fantásticos deseos que se anidan en nuestras almas. O como lo cantaba Vinicius de Moraes (el de “la Chica de Ipanema”) en una de sus bellísimas composiciones musicales: “…si soñamos solos en sueño se queda, pero si lo hacemos juntos, podremos realizarlos”.
Están pues, las puertas abiertas a la divagación sobre la Santa Marta que soñamos. Comienzo:

Yo la sueño del tamaño que tiene. Ni más grande ni más pequeña y no me gustaría seguir viendo los cerros tutelares poblados, a la gente aferrada a sus laderas como niños cohibidos de las faldas de sus mamás. Es decir, sueño una ciudad menos inquisidora desde las alturas, amenazante, insegura. Habrá que acomodarlos en otro lugar, no hay duda, pero lo mío hoy es soñar y soñar. Obviamente anhelo, creo que como todos los samarios, una ciudad con abundante agua en las plumas de las casas, para disfrutar cada gota helada que viene de la Sierra Nevada, excelentes redes sanitarias y de energía eléctrica, también como la queremos todos. Es lo menos que podemos soñar.

Pero también quiero una Santa Marta entrañable. En la que podamos caminar desprevenidos. Sin tropiezos. Imbuidos en sus propios paisajes natural y urbano colmados de verdes sombras, de espacios estéticamente bien concebidos, diseñados y construidos con esmero y decoro, aireados, iluminados y señalizados. Sin pitos, ruidos ni estruendos; apacible, limpia sin ser “tacita de plata”, seca, sana, en la que impera el respeto, la armonía y la solidaridad de personas sonrientes, frescas y sin mayores afanes, así como son, lentas, pausadas, sobrias, moderadas y excelente sentido del humor.

Una Santa Marta que fluye naturalmente, que muele, camella y produce, circula, vibra, siente, canta y baila a ritmo de cumbia y mapalé. En la que se medita, se reflexiona, se analiza, se crea y se sueña para curar el cuerpo enfermo y sanar el espíritu malogrado y aciago. Deportiva y futbolera como fue desde siempre. Sin sometimientos. Libre de sobresaltos. En la contemplación pura y plural. Imaginativa. Innovadora. Artística. Creativa. Centro de civilizaciones actuales y ancestrales. Universal. Como pocas o como ninguna. Más acogedora. Más cálida y afable.

Una Santa Marta sencilla. Común y corriente. Sin aspavientos de nadie ni pleitesías a nadie. Comunicada y comunicativa. Sin disonantes peroratas ni discursos. Sin falsas promesas que crean incertidumbre. Sin decisiones compradas ni vendidas. Una ciudadanía responsable, que no se entrega, que no se doblega, que conoce sus derechos y deberes, que cumple y que trabaja para que la construcción de sus sueños sea una irrefutable realidad en la que todos somos uno. Son sueños los míos y los tuyos ¿por la ciudad que sueñas?
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