Diluvio azota y paraliza a Santa Marta

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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Un fenómeno sin precedente en Santa Marta causó pánico, nunca antes visto; fueron dos horas de fuertes lluvias ininterrumpidas que causaron inundaciones en 33 barrios según lo manifestado por el director de la Defensa Civil, Mayor Eduardo Vélez Soto, entre ellos el populoso y emblemático Pescaíto. EL mensaje emitido por naturaleza hace imprescindible una justicia prospectiva que sirva de paradigma orientador, no conceptos hechizos, superficiales que descontextualizan las realidades y que diseminan sin pudor medias verdades e incluso falsedades. Para sabiduría convencional ésta es una verdad revelada y que está supeditada al accionar depredador del hombre que causa deterioro al medio ambiental y de qué manera.

Tenemos que recordar que el alcantarillado que sirve de soporte a la ciudad fue construido hace más de 50 años, no existe alcantarillado para aguas lluvias, el sistema de desagüe son sus propias calles y solo se han hecho pañitos de agua tibia en el sector histórico, dejando rezagados a la periferia y lugares de alto riesgo. Ante este desasosiego se necesita cohesión y sentido de identidad que obligue a los gobiernos de turno a ejercer la inversión que corresponde, no atrasarla o desviarla, que sea exclusiva en su totalidad para estos fines.

Las inundaciones que se observaron a nivel del mundo por las redes y la TV, es la prueba fehaciente que el sistema de drenaje de aguas lluvias en Santa Marta es ineficiente; por ello la ciudadanía residente en los sitios afectados debe participar, incidir y decidir en un debate orientador y bien argumentado. Se requiere con urgencia un Cabildo Abierto, mecanismo de participación ciudadana consagrado en el artículo 103 de nuestra Carta Magna, que sirva de escenario a las diversas voces que deseen promover una propuesta de mejoramiento. Es imperativo, urgente y categórico construir un moderno, óptimo y eficiente alcantarillado que permita solucionar la situación crítica que vive la ciudad; es la calidad de vida que se ve afectada; es un compromiso inaplazable. Desde ya hacemos un llamado con toda la sensatez y la prudencia a los Concejales,

Diputados, Alcalde y Gobernadora, para que articulen voluntades orientadas a estos fines; es cierto será una magna obra. El diluvio sucedido el 8 de noviembre, desdibujó la trascendencia que tiene Santa Marta como Distrito y más en el preámbulo de los XVIII Juegos Bolivarianos; ésta tragedia por fortuna no arrojó víctimas humanas; pudieron darse; las pérdidas económicas son incalculables. Desde ya debemos accionar mancomunadamente y diseñar un dialogo que construyan debates serios, coherentes y objetivos, especialmente en la búsqueda de recursos a nivel nacional e internacional de cara al posconflicto que propicien la canalización de las obras. La plata hay que conseguirla como sea; esta falencia no se debe seguir aplazando; necesitamos la unión sin sectarismos, y rencores, ni apasionamientos; hay que pensar en ciudad.
Angustia, tristeza, impotencia, desesperanza fue lo que se vivió esa tarde en la ciudad en los afectados en esos momentos tormentosos; solo sin poder hacer nada, anonadados veían como el agua con lodo ingresaban a sus viviendas sin que nada la contuviera; eran verdaderos ríos que arrasaban todo lo que encontraban en su camino.

En pleno siglo XXI, una ciudad como Santa Marta que se quiere proyectar para el turismo nacional e internacional no debe subsistir con este problema; sin alcantarillado y sin agua potable, los turistas preferirán otros destinos para sus vacaciones.
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