De centros, Santa Marta y policías

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Desde el final de la primera etapa de la restauración del centro histórico de Santa Marta, he venido insistiendo que el trabajo debe ser integral. Así culminen todas las etapas físicas, el Centro nunca estará terminado si no se incluyen dos tareas más: primero, una campaña permanente para que los ciudadanos se comporten bien en él, y segundo, formular políticas públicas eficaces para incentivar que los espacios públicos e incluso los privados tengan un uso más acorde con un centro, es decir, una vida diversa, en especial con una temática histórica y cultural.

La esencia de un verdadero centro urbano es la multiplicidad de actividades y temas, incluyendo el residencial. Uno de los errores que se cometieron en muchos centros, como el de Medellín, fue desalentar la vivienda y, en general, dedicarlos a pocos usos, especialmente con tendencia a la rumba dura y al comercio pequeño y de ocasión. En mi Bella Villa ya se está trabajando en eso por fortuna. Todas las actividades deben y pueden coexistir con debida proporción, armonía y tolerancia.

Diversión, cultura, academia, vivienda, sedes gubernamentales, servicios, comercio de cierta calidad aunque no elitista, gastronomía y espacios dedicados a temas históricos concernientes a la ciudad, constituyen un verdadero centro. Sin embargo, la recreación pasiva es clave, y para ello la cantidad y calidad de los parques, pasajes peatonales, aceras, plazas, amueblamientos y malecones es fundamental. Esa característica le da amabilidad a un centro y lo vuelve acogedor y atrayente.

Es inigualable el placer de caminar sin rumbo fijo -o con él- por calles y paseos, entre la historia en el caso de Santa Marta, sentarse en una banca a leer un libro o simplemente a pensar, a conversar, a mirar gente y a sentir el ambiente. Ello requiere que los parques no sean islas, que para ir a ellos no se deban sortear un sinnúmero de obstáculos de todo tipo: aceras angostas o con huecos, postes y señales de tránsito en la mitad, escombros y vehículos parqueados. Las calles deben ser prolongación de los parques y en la medida de lo posible peatonales.

No siempre puede ser así, pero el carro no va con los centros. Los vehículos son para otros sectores de las ciudades. Esa debe ser la tendencia aunque no se cumpla en su totalidad, y el tamaño de Santa Marta lo permite. Al menos fijar horarios restringidos para carros sería otra norma menos drástica.

De todas maneras, la cultura ciudadana es clave: soy un asiduo habitante y admirador de los centros, hoy del samario, y me duele ver las vías peatonales circuladas por motos y bicicletas. Es una constante que usted amable lector puede comprobar cuando quiera, que además de ser un grave peligro contribuye al deterioro físico y ambiental.

Una perla samaria: hace cerca de un mes (recuerdo que era un lunes a mediodía) yo caminaba por el pasaje peatonal que es la continuación de la carrera segunda luego del Parque de Bolívar, hacia el norte, entre el Banco de la República y la Casa de La Aduana, entiendo que hace mucho es peatonal, incluso antes de la restauración del Centro.

Pues bien, iba como siempre, y como nunca me cansaré, solazado con las fachadas, la gente, el cielo y los tejados de mi bella ciudad adoptante, por supuesto desprevenido y en paz, cuando escuché tras de mí un estridente pito repetido, volví en mi sobresaltado, volteé la cabeza, y sorpresa: era una moto policial rauda con dos serios agentes encima, abriéndose paso por entre la gente y lo que fuera. Imaginé algún asalto cerca o un delincuente perseguido, pero no, pasaron veloces, pararon al final, miraron calmados, y despacio siguieron por la calle como si nada.

Respetado coronel César Granados Abaunza, comandante de la querida y útil Policía del Magdalena, le suplico con humildad y de la mejor buena fe que exija o enseñe cultura ciudadana a algunos de sus hombres, son los primeros llamados al buen comportamiento. Muchas gracias Coronel. ¡Ah!, y no fue la primera vez que vi tal conducta: observe usted mismo -sin que lo vean- algunos agentes motorizados al frente del Comando y verá cómo circulan por las aceras, usando además las rampas adecuadas para las personas minusválidas. ¿Con qué autoridad moral sancionan a los mototaxistas o a los motociclistas comunes? A empezar por casa mi Coronel, y ¡a sus órdenes!

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