Agua embotellada: gato por liebre

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

¿Sommelier de aguas minerales? ¿Oro azul? Asombroso; el agua, tan abundante en ciertas áreas y escasa en otras, tiene connotaciones impresionantes.
¿Sabía usted que en este año que transcurre se consumirán en el mundo 391.000 millones de litros de agua embotellada, y que ese consumo generará más de 1,5 millones de toneladas de envase plástico, la gran mayoría de polietileno, no degradable? ¿Conoce que el precio del agua embotellada es unas 500 veces mayor que el agua de la llave? ¿Sabe usted que no existe diferencia entre el agua envasada y el agua del grifo?

Colombia consume alrededor de 1.000 millones de litros/año, unos 450 millones de dólares; una industria productiva en pleno crecimiento y un enorme potencial de desarrollo si consideramos que en México se consumen 163,5 litros/persona/año, unas 9 veces más que Colombia, con 18,6. Acá, se adquiere agua embotellada en formato grande, especialmente en San Andrés, la Orinoquía y la Amazonía. En contra del viejo mito (“en Europa consumen más agua que vino”), la bebida no alcohólica más consumida en Europa es el agua embotellada con un 46%, casi toda mineral; Italia, Alemania y Bélgica están en el podio. Hacia 2014, el máximo consumo de vino era de casi 54 litros/año en el Vaticano, el mayor de Europa, frente a 42,5% de Francia, 33,3% de Italia  y sólo 21,2 de España. En cuanto a la cerveza, únicamente República Checa (142 litros per cápita/año) está por encima del promedio de consumo de agua embotellada, mientras que Austria, Alemania y Namibia apenas superan los 100 litros, algo por encima de la media europea. En Colombia, la birra, con 49 litros por ciudadano al año, supera con creces al consumo del agua envasada. ¡Sí que nos gusta una fría, eh!

Aunque la estadística innegables sesgos –muchos bebemos agua filtrada en regiones con adecuado tratamiento del agua-, las repercusiones por el líquido empaquetado puede ser perversas. En primer lugar, la contaminación causada por plástico no degradable. Después, algunos médicos y nutriólogos nos han metido el cuento de los 2 litros/día para estar sanos, que pueden ser nocivos en determinadas circunstancias. Estas bebidas se tomaron el paisaje urbano, tanto que existen restaurantes de lujo con cartas específicas de aguas y sommeliers que orientan el maridaje agua-comida; ridículo en grado sumo. Ya recomiendan según el contenido de minerales o gas. Magda Carlas, autora del libro “Más claro que el agua” dice que los beneficios o propiedades curativas del agua son meros supuestos; puede ayudar en pequeños problemas, pero el agua como tal ni cura enfermedades ni determina el curso de la salud. Tomar agua con las comidas no es malo ni beber mucha causa adelgazamiento. La influencia en la salud es, pues, muy limitada.

Las estupideces con respecto del agua han llegado a niveles mayúsculos: un empresario norteamericano quería utilizar el agua de icebergs noruegos para venderla embotellada; la huella ecológica iba a ser tremenda. El 90% del precio que pagamos por el líquido embotellado es el empaque. Y si consideramos otras extravagancias, da grima. Kevin Boyd expende 750 mililitros a 40 USD, con selecta clientela: Mariah Carey, Shaquille O´Neal y Paris Hilton, entre sus compradores. En King Island, Tasmania, se vende “Cloud Juice” (jugo de nube), “9750 gotas” por cada cuarto de litro, a 10 USD. A 55.000 USD se comercializa Acqua di Cristallo Tributo a Modigliani, envase hecho de oro sólido con agua de las Islas Fiji, más 5 miligramos de oro en polvo disuelto. También ofrecen agua en una botella hecha de cristales de Swarovski: Así las cosas, es Oro Azul. Definitivamente, hay cada vivo y cada bobo. Que el agua mineral tiene mejores contenido y sabor que la de acueducto, no hay duda, pero nutricionalmente no hay diferencia. Igual pasa con la gasificiación.

Entonces, ¿tiene algún sentido razonable beber agua embotellada sin necesidad? Un dato final: según estudios microbiológicos realizados en Colombia, la calidad higiénica de ese producto, a veces deplorable, no es distinta a la de un buen acueducto. Naturalmente, en sectores de potabilidad cuestionada, es mejor beber agua embotellada. Hagámosle un bien a la naturaleza y a nuestro bolsillo: un vaso de agua no se le niega nadie, como decían antes.
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