La Magistratura en los socavones de las alcantarillas

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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

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“Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad” (Marco Tulio Cicerón)


Impotente se siente la sociedad colombiana con todo cuanto está conociendo sobre procedimientos mendaces y protervos que se vienen ejecutando de tiempo atrás en las mismas y propias entrañas de la Corte Suprema de Justicia, en donde, como cualquier cartel delincuencial y mafioso, algunos magistrados, -quiera Dios que no sean todos-, despojándose de cualquier recato o asomo de moral y ética, han prostituido la justicia y, convirtiéndose en vulgares proxenetas, han mercantilizado los fallos y decisiones, todo ello a cambio de un mendrugo de plata, -mendrugo, por millones,- mientras seguían y siguen pavoneándose por las altas esferas sociales y políticas de la patria, lo que produce asco y náuseas, oprobioso comportamiento que provoca cogerlos por el cuello y mandarlos para la mismísima mi…., no sin antes verlos revolcándose en sus propios excrementos y patinar en las miserias humanas de su coprológica actitud y proceder.

De tiempo atrás, -bastante tiempo-, se sabía que en las denominadas y mal llamadas “Altas Cortes”, -cuáles serán las bajas cortes?-, se cocinaba todo tipo de menjurje cotidiano en el que sancochaba toda clase de comportamientos delincuenciales y los arropaban bajo el manto sagrado de la justicia, mientras por debajo de la mesa se lanzaban monedas y billetes para torcerle el pescuezo a una administración de justicia politizada y clientelizada en donde sólo llegaban y aún llegan aquellos que gozan del privilegio bautismal de contar con un padrino, -o varios-, que les diera su respaldo, así jurídicamente no tuvieran la menor idea de dónde estaban parados, -como le pasa a muchos-, porque lo importante era  ocupar una poltrona en la desprestigiada administración de justicia en Colombia, cargos que servirían de trampolín para, -como cualquier vulgar trepador-, subir hasta la cúspide y allí disfrutar de las mieles del poder y las repartijas y de ese modo, como en el caso en comento, han convertido a la máxima instancia penal en el país, la Corte Suprema de Justicia, en una cloaca sobre la cual se desparraman las porquerías más excretantes que de solo escuchar hablar de ellas producen vergüenza, obviamente sin que pase absolutamente nada, porque como siempre, aquí nunca pasa nada y si pasa no es importante y si es importante pasa.

Muy a pesar de la maquillada que le dio a la patria la visita del Papa Francisco, no terminaba de irse cuando estalló lo que los mismos periodistas alcahuetas de siempre les ha dado por llamar el escándalo del año, -o del siglo-, y seguimos rasgándonos las vestiduras ante una situación que era bien conocida y sabida por todos y ahora sí que entre el diablo y escoja, exmagistrados y magistrados se dan golpe de pecho y se flagelan diciendo que es hora de cambiar y reformar la justicia y a sus encopetados representantes para de ese modo evitar tocar fondo, -cuál, si más bajo no podemos caer-, aunque Murphy es un pobre alpargatudo en estas tierras en donde la realidad supera la ficción y siempre habrá la expectativa del siguiente paso, con esta memoria de veinticuatro horas y la teoría del meimportaunculismo, cualquier cosa puede suceder y en unos días estaremos hablando de otra cosa y, frescos, que aquí no ha pasado nada.

Viendo llegar altivo al otrora poderoso expresidente de la Corte Suprema de Justicia Francisco Javier Ricaurte, al complejo judicial de Paloquemao para ser presentado ante un Juez de Control de Garantías, en medio de una guardia pretoriana que, no parecía llevarlo detenido, sino escoltado, es cuando la sociedad sigue sin entender cómo a un crápula de esa naturaleza ni siquiera lo llevan esposado y con las restricciones propias de quien ha perdido su libertad por cuenta de sus miserables procedimientos, y, peor aún, en la medida en que se ha ido conociendo sus negocios y la forma como operaban para extorsionar y chantajear a algunos políticos, -también corruptos como ellos-, que sabiendo que habían delinquido se prestaban a pagar por su libertad, con la ventaja de que saqueaban las arcas de sus regiones y de allí pagaban los favores de esas ratas de magistrados que comercializaban con todo.

Pero que podemos esperar de una administración de justicia en donde los actuales presidente y vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia expresan sin tapujos ni recato que la reforma debe darse con la implementación de la cooptación absoluta para escoger los reemplazos, o es que acaso eso no es lo que se ha venido dando, -de manera disfrazada, claro está-, porque a la magistratura se llega de la mano de otro sinvergüenza de igual o peor calaña que lo promueve y patrocina para de ese modo seguir degustando las mieles del poder y, de carambola, ganarse cualquier billetico. Mientras esto no cambie, seguiremos soportando a esas ratas de alcantarilla que se pavonean como juristas y quienes como cualquier troglodita únicamente sacian su voracidad y la de los suyos: ya va siendo hora de decapitar moralmente a esa caterva de delincuentes que se han tomado el poder judicial y político colombiano.

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