Los desentonados

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Santos Palacio aprendió a cocinar viendo hacerlo a su madre en María La Baja, Bolívar. Hoy tiene 61 años y es dueño de un restaurante en La Paz, Cesar.
Un recorrido con escalas por nuestra Costa Caribe, que lo hizo ser como es: una persona del medio que lo habita. “Soy un cocinero empírico -me cuenta orgulloso- y mi nombre lo escogió mi padre porque nací el primero de noviembre, día de todos los santos, como lo leyó en el almanaque Bristol. A otro de mis hermanos le puso Antero, porque nació el día de ese santo”. Este hombre autentico, embutido en el cuerpo de un niño, es ejemplo de tesón como muchos, solo porque supo guardar con celo las raíces de su origen sin desentonar. 

Son varias las acepciones del significado de desentonar que aparecen en el diccionario de la RAE: subir o bajar la entonación de la voz o de un instrumento fuera de oportunidad; no estar acorde con el entorno y descomedirse, para no citar sino las más usadas.

Y todo, a propósito de las palabras cruzadas -vía trinos-  entre el Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, contra alguien a quien él llama “el ex alcalde de Santa Marta”. Se refiere el Ministro al “mensaje desentonado” del personaje local diciendo que el Gobierno Nacional no los había apoyado con los recursos para la construcción de la infraestructura deportiva requerida para realizar los Juegos Bolivarianos, que dejará en alto el nombre de la ciudad, a partir de noviembre de este año; siendo que ya habían girado casi 120 mil millones de pesos del presupuesto asignado a Coldeportes.

Desentonado el ex alcalde y desentonado también el Ministro, pero aún más desentonado el modo de dirimir a la luz pública, con todo respeto por las verduleras, y sin solucionar los conflictos que afectan la integridad ciudadana, porque a ninguno de los dos les importó informar a su debido tiempo y con claridad meridiana cuál sería el costo real de cada una de las inversiones; de qué rubros del presupuesto nacional, departamental o local saldría ese recurso; cómo se contrataría y quién vigilaría la ejecución de las obras que todavía hoy nadie conoce, porque los ilustres desentonados están ocupados en disputarse el honor de cortar las cintas, mientras pisotean los derechos de los contribuyentes. 

Podría decirse que nos acostumbraron a estar siempre desentonados, por  desinformados, por no ser tenidos en cuenta al momento de tomar decisiones que alteran nuestro entorno; por tumbar, demoler, amenazar con tumbar o con demoler, para luego construir, cambiando a ultranza usos y perfiles urbanos, sin medir consecuencias, sin diseñar ni proponer estrategias de desarrollo que consulten la voluntad y la iniciativa de deportistas y entrenadores, de los miembros de escuelas y clubes deportivos, de las comisiones de deportes de las Juntas de Acción Comunal, de los planteles educativos y de los aficionados. A fin de cuentas, con escenarios suntuosos no hacemos nada si no hay quien los utilice.

Si consideráramos ser como Santos Palacio, transparentes y honestos, si no  actuáramos siempre pensando en nosotros mismos y buscáramos el bienestar colectivo ofreciendo un buen producto a los demás, estoy seguro, nos evitaríamos convertirnos en unos desentonados más, solo preocupados en mostrarnos como los más obsecuentes custodios del presupuesto nacional o como los más acuciosos gestores de la cosa pública que asumen actitudes que desentonan con las formas que nos impone un régimen democrático y participativo, como lo soñamos con los constituyentes del 91.