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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Asistimos a una época de grandes tragedias naturales, a las que es imposible resistirse.
Gaia nos está devolviendo a los humanos lo que le hemos dado. Los huracanes han devastado islas en las Antillas y el Caribe, dejándolas desoladas y, algunas, invivibles. Las imágenes hablan por sí solas. Puerto, Rico, República Dominicana, Cuba, Saint Marteen, Barbuda y otras islas menos conocidas no resistieron los embates de la Naturaleza, y ahora deben afrontar las peores tragedias: reconstruir sus países, dar albergue a muchas personas, reactivar los servicios públicos, garantizar alimentación, evitar enfermedades…

México se ha enlutado dos veces; al terremoto de Chiapas, que destruyó varias ciudades (Oaxaca, Tabasco, Veracruz) e incluso afectó a Guatemala, siguió el de Puebla, con daños irreparables en Ciudad de México, Morelos, Puebla, y varios estados mexicanos. Edificios, monumentos, viviendas, comercios, etc., cayeron dramáticamente como precarios juguetes mal construidos. Hacia 32 años, la capital federal lloró la destrucción de buena parte de su área urbana y miles de vidas, que siempre cobra la parca en estos casos. Entre la improvisación, el desorden y el terror, leyes incumplidas, etc., la tragedia fue mayor de lo que debió haber sido. No obstante, la solidaridad mundial dijo presente y varios países contribuyeron a sobrellevar el dolor enviando personas, medicamentos, alimentos y demás elementos necesarios para paliar la tragedia.

La Costa Este de Estados Unidos, particularmente La Florida y Texas, también sufrió el embate de los huracanes. Si bien hubo mucho menos daño, los destrozos fueron grandes y la cuota de vidas humanas fue cobrada. Es que, cuanto más pobre una región, más destrozos aparecen. El tsunami del Océano Índico de 2004 ha sido la peor tragedia en la historia de la humanidad, mientras que en Japón, el de 2011 fue mejor resistido, con menos pérdidas materiales y humanas.

La tierra ha vivido cinco extinciones masivas de especies, desde el Periodo Ordívico hasta el Terciario. Causas internas como alteración de los ecosistemas, y externas, como aerolitos con energía suficiente para casi causar la destrucción planetaria. Cinco veces en que los sobrevivientes han debido recomponerse y reorganizarse. Como vamos, la sexta extinción está muy cerca. La era industrial ha causado destrozos insalvables; la destrucción de la capa de ozono y el aumento de la temperatura con el previsible efecto invernadero; la contaminación ambiental por el uso de combustibles fósiles y basuras ha deteriorado los cuerpos de aguas, con destrucción de páramos y deshielo de polos, cambios del ciclo del agua, destrucción de bosques y selvas, exterminio de especies necesarias para garantizar la supervivencia, etc.

Contra la naturaleza es imposible defenderse. Sus fuerzas son infinitas frente a las mínimas opciones de defensa. La tragedia está en la autodestrucción del ser humano, si así podemos llamarle. Las desoladoras guerras son simplemente producto de codicia e intolerancia. Cualquier causa vale para empuñar armas, desde la lucha territorial  hasta la defensa de cualquier cosa, pasando por la fe, la democracia, el deporte y cualquier cosa que se le ocurra a alguien.

Colombia está saliendo de una guerra fratricida. Nos ha sido muy difícil aceptar un acuerdo de paz con las Farc, pero se logró detener la destrucción de vidas y país; está en curso el acuerdo con el Eln; los paramilitares manifestaron su intención de someterse a la justicia. En este escenario resulta inconcebible que haya quienes, desde la comodidad de sus oficinas inciten nuevamente a la guerra con variopintos argumentos, sabiendo que al frente de combate van otros a defender intereses ajenos. Es inconcebible también que se fomente la minería extractiva que los colombianos rechazan en las urnas, pues no piensan en el futuro del país sino en el presente de sus bolsillos. Nos siguen vendiendo miedo, humo y mentiras.

Apostilla: Ante tanto nauseabundo escándalo de corrupción, Colombia debería tomar ejemplo de Islandia. Allá, desde 2008 han dado ejemplo. Cuando estallan esos casos, la gente se aglomera alrededor de los palacios de gobierno y, con el apoyo de sus autoridades, sacan detenidos a los corruptos y los enjuician. Islandia es ahora ejemplo de transparencia, mejor distribución de recursos y prosperidad económica y social.

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