“Pido la palabra”: una dolorosa historia

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Los que llevamos años en la vida colombiana, tenemos la obligación de contar la verdad sobre hechos que por intereses personales, no se le han aclarado a la opinión pública. Uno de ellos es particularmente relevante en momentos en que dada la crisis total de los partidos, nuestra democracia está seriamente afectada.
Se trata de uno de los esfuerzos recientes más interesantes para crear un nuevo partido político, que murió gracias al egoísmo de uno de los que se considera líder renovador en la contienda presidencial del 2018-2022.

En 2012 se empezó a identificar un grupo de colombianos “con prestigio”, muchos venidos de la academia, que por distintas razones habían pospuesto su entrada a la actividad política y se decidió crear un movimiento denominado “Pido la Palabra”. La idea era que se convirtiera en un nuevo partido, más democrático, pluralista, y con contenido. Su tendencia era más hacia el centro izquierda, definitivamente no de derecha. También había en ese grupo, políticos de trayectoria reconocida como Antanas Mockus, Antonio Navarro Wolf, Iván Marulanda y Ángela María Robledo. Se fueron uniendo personas como José Antonio Ocampo, Manuel Rodríguez, Salomón Kalvanovitz, León Valencia, Francisco Leal, Alejo Vargas, María Teresa Garcés, Claudia López, Angélica Lozano, Armando Novoa, Pedro Medellín, Eugenio Marulanda, Pedro Santana, Jaime Acosta, Alonso Salazar, Carlos Vicente De Roux, Alejandro de Lima y otros cuyos nombres se me escapan. Me honra haber sido parte de ese grupo, aunque siempre tuve la preocupación de que hubiese intereses no declarados.

El primer encuentro fue en Medellín con mucho despliegue nacional, y dada la organización y la participación de personas cercanas a Sergio Fajardo, se empezó a confirmar la sospecha de algunos de que él estaba detrás de este nuevo partido, así su compañero de siempre, Iván Marulanda, lo negara porque Fajardo era gobernador de Antioquia en ese momento. Después de varios encuentros en Bogotá en la sede de su Concejo, se realizó un segundo evento en Cali con relativo éxito. Se discutía al interior del grupo, si su objetivo inmediato debería ser definir su norte y contenido ideológico, o empezar a presentar listas regionales para participar de hecho en política electoral. Después de ese segundo evento público se iniciaron contactos en otras regiones del país especialmente en Barranquilla, donde personas de reconocido prestigio expresaron su interés de ser parte de “Pido la Palabra.”

“So far so good” como dirían los gringos. Pero resulta que, de un omento a otro, quedó claro que muchos se habían unido a ese movimiento porque Sergio Fajardo estaba detrás, y cuando él hizo saber a través de Iván que ya no le interesaba porque se iba a concentrar en su papel de gobernador, empezaron a retirarse. Conservo los archivos de todas esas comunicaciones. Así terminó desbaratándose ese principio de nuevo partido político que hoy habría sido la clave. Pero lo más lamentable fue que poco después, en una entrevista que le hicieron a Sergio Fajardo en El Tiempo, le preguntaron si él tenía algo que ver con “Pido la Palabra”. Contestó, palabras más palabras menos, que no y que ese había sido un grupo de personas que buscaban protagonismo. Me pareció una ofensa y así lo expresé en distintos medios de comunicación del país sin obtener reacción pública de Fajardo. Una muerte de quinta para un proyecto político de primera.

Este recuento es importante porque gracias al egoísmo de nuestros líderes políticos como César Gaviria, Pastrana y todos los demás, cualquier intento de fortalecer la democracia y de acabar con su nepotismo y clientelismo, funcionales solo a ellos, sacaron de la contienda a todo aquel que no se acomodara a su manera personalista de definir el futuro político del país. Pero también, cuando no les convenía, mataron cualquier intento de fortalecer o crear un nuevo partido, sin aceptar que sin estas agrupaciones es muy difícil por no decir imposible, que la democracia funcione. 

Esa es la dolorosa y corta historia de “Pido La Palabra” que hoy probablemente tendría como candidatos presidenciales a muchos de los que están en la contienda, y algunos de los que se presentarán por firmas. Pobre democracia colombiana en manos de tanto personalismo. Y lo peor, es que no se ve luz al final del túnel cuando más del 30% de los posibles votantes no tienen idea de por quién votar.


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