Construyendo verdadera democracia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lopez Hurtado

José Lopez Hurtado

Columna: Opinión

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En vísperas de las elecciones de octubre, los colombianos están obligados a analizar las mejores alternativas para elegir a los más honestos en consonancia con los vientos que por fortuna, soplan hoy en el país.

El asunto de Yidis, de Valencia Cossío, de Mario Uribe, de los Nule, de varios ex mandatarios seccionales y parlamentarios que están en la cárcel, los casos judiciales pendientes de Bernardo Moreno, María del Pilar Hurtado, el episodio de "alias Job", sobre los que se espera para los próximos días decisiones trascendentales, reconfortan el prestigio de los Tribunales y las Altas Cortes, sometidas en el reciente pasado a una sistemática campaña de agravios desde la propia Casa de Nariño, y oxigenan la confianza pública en que las decisiones del ciudadano de a pie, no serán burladas. El viejo adagio de que la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo, es un patrón ético que hace tiempo yace en la gaveta de las normas de conducta olvidadas por los responsables de los destinos públicos.

Tal pareciera que fue el Presidente Marco Fidel Suárez, quien prefirió renunciar a esa dignidad al admitir haber empeñado su modestísimo sueldo, agobiado por la espera en su cancelación por aquellos tiempos del telégrafo y la mula, el que practicó la noble máxima de comportamiento, como pocos. Igualmente el Presidente Guillermo León Valencia, cuando ofreció su renuncia si se le comprobaba manejos indelicados de la cosa pública por parte de uno de sus hijos, según cuenta la tradición popular. Manes de la decencia.

El caso del actual Gobernador del Valle, un señor Lourido, embargado por la justicia civil de Cali, porque cuando oficiaba como directivo de una empresa de su familia, debía devolver cerca de 15.000 millones de pesos según un contrato que se declaró nulo, y no lo hizo, es una afrenta a la decencia en las costumbres públicas, y son esos episodios los que nunca deben repetirse y a los que deben estar atentos los electores en el inmediato futuro.

La hoja de vida de los actuales candidatos a dirigir los destinos seccionales y a ocupar las corporaciones públicas deben ser revisadas con lupa para evitar hechos vergonzosos que en nada contribuyen al fortalecimiento de la democracia que deseamos y por lo que todos votamos. El cartel de los contratistas, con más poder que los partidos políticos (¡), según se ha dicho, debe desaparecer definitivamente y el Estado se encuentra en la impostergable obligación de extirpar sus fatídicos efectos , atacando sus causas que se anidan en las propias oficinas públicas, bien a través de una estructural reforma del marco normativo, absolutamente insuficiente y franqueable como se ha visto, bien fortaleciendo los órganos de participación y control de veedurías ciudadanas.

O en últimas, endureciendo sin compasión las penas de cárcel, sin concesión de subrogado alguno. En otras palabras, buscar la restauración moral como decía Gaitán, cuando todo indica que sí es posible, según lo que estamos viendo por los lados de la justicia. Es un gran paso, muy importante, pero no suficiente. La otra parte corresponde al ciudadano, quien deberá revisar minuciosamente su decisión electoral. Para no seguir en las mismas.

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