La sanción social

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Se puso de moda aterrorizarse por el nivel al cual ha llegado la corrupción en el país. Esta reacción es muy interesante cuando algunos de los casos protagónicos de hoy, se sabían y no se había ejercido presión para que fueran claramente expuestos y sancionados.
Es innegable que de nuevo este país ha sido permisivo frente a aquellos que se merecen el calificativo de vivos. Por ello no es sorpresa que este destape que actualmente se evidencia y asombra a muchos, realmente se haya originado más en la justicia de Estados Unidos que en la de nuestro propio país. Es tal la magnitud que han tomado estos escándalos, que algunos de los numerosos precandidatos presidenciales creen que el tema de sus campañas será más atractivo si se pone la corrupción como eje central, en vez de lo obvio y lo que debería ser, el duro camino del posconflicto y las propuestas factibles para abordarlo en el periodo 2018-2022.

Se plantean formas de combatir este saqueo tan generalizado de recursos públicos y privados por parte de altos representantes de la justicia, del legislativo y del ejecutivo. Se escuchan voces que piden una constituyente que replantee la institucionalidad colombiana. Para otros, sería un primer paso darle un verdadero revolcón a la justicia colombiana. Así se escuchan alternativas para resolver lo que se considera, o una crisis de fondo o simplemente el destape de algo que ha existido hace mucho en la sociedad colombiana. Sin duda es saludable que este gravísimo comportamiento no solo en el Estado sino también en el sector privado, esté en primera línea porque los atracos no son solo de recursos públicos sino también se da con fondos de sectores a los cuales siempre se les ha dado el beneficio de la duda.

Sin embargo, algo muy elemental y que depende de cada uno de los ya casi 50 millones de colombianos, lejos de plantearse, se ignora y permanentemente se ratifica como parte del comportamiento normal, especialmente en sectores de altos ingresos. Como será de estratificada nuestra sociedad que una cosa es ser un ladronzuelo, al que todos le caen sin miramientos, y otra un elegante personaje que roba. Se trata de aplicar la sanción social como una de las acciones individuales y colectivas que en ciertos sectores privilegiados puede funcionar mejor, como castigo a la corrupción, que la misma cárcel. Ser rechazado dentro de unos pequeños grupos de personas con las que se ha compartido la vida, porque su fortuna no cumple con los obvios principios éticos, es la forma más rápida y menos costosa, que una sociedad como la nuestra debería empezar a implementar. Hacerlo demostraría que al menos en ciertos sectores del país no ha calado la cultura del dinero fácil, que no solo proviene del narcotráfico sino de la violación de las normas existentes. No le tengamos miedo a este mecanismo frente a la corrupción, que puede ser una contribución que la gente decente puede hacer a la lucha contra este flagelo.    

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