Gabo y el pensamiento latinoamericano

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

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A Gabriel García Márquez se le reconoce por el premio Nobel de Literatura y su gran aporte a la universalidad de este género a partir del denominado Realismo Mágico, además de su papel en el periodismo, más que por su reflexión preponderante para el pensamiento filosófico latinoamericano que desde mi punto de vista aporta al debate de sus problemas.


Particularmente y con toda sinceridad, de Gabo como se le conoce al nobel de literatura colombiana, me he acercado sólo a tres de sus obras: Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada. Las cuales he leído a partir de varios elementos: curiosidad de conocer su mensaje, pero también como distracción frente a otras lecturas que considero más complejas, además por identidad con la lengua materna.

En consecuencia de tal acercamiento, me llama ante todo la atención, la jerga utilizada, muy característica de los pueblos colombianos, especialmente a los de la zona norte del país. Además, la expresión de todo el legado cultural, terminología, constitución social y política, elementos geográficos, etc. importante dentro de nuestra identidad.   Otro aspecto y por supuesto no menos significativo a los anteriores, es la puesta en evidencia a través de metáforas la realidad nacional a partir de un análisis a todo el contexto político, de la violencia en el cual estábamos sumidos y que hoy por hoy sigue haciendo mella.

Sin embargo, recientemente tuve por segunda vez la oportunidad de estudiar formalmente el pensamiento filosófico latinoamericano el cual considero una coyuntura de reivindicación de la historia que nos tocó vivir como comunidad conquistada y colonizada; además de todo lo que implica reflexionar críticamente frente a la categoría “raza”, derivada de dicho proceso - una lamentable herencia colonial – bajo la cual se organizó la población, que en palabras de Aníbal Quijano dicho concepto “se convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad. En otros términos, en el modo básico de clasificación social universal de la población mundial”. (Quijano, 2000). Semejante sucesión de poder hoy por hoy sigue siendo el patrón de la discriminación ya no sólo por el color de piel sino por el no reconocimiento de las diferencias.

Con todo lo anterior, encuentro que Gabo en su discurso de aceptación al premio en Estocolmo en 1982, nos ofrece un acertado mensaje interesante, de censura y a la vez de reflexión a la forma en la que hemos sido tratados sobre todo en Latinoamérica, yendo esto en concomitancia con el proceso de desarrollo del pensamiento filosófico latinoamericano, que hacía  la década de los 70 había empezado a tomar un poco de  fuerza; además, tuvo la oportunidad de  integrarse a los cánones universales  de la historia que fue construida en Europa, que a través de su campaña expansionista nos fue impuesta al resto de las culturas.

Es así, que considero un elemento fundamental para el desarrollo del pensamiento crítico principalmente en Colombia, que a la vez de acercarnos a la obra literaria de Gabo debemos darnos la oportunidad de analizar el mensaje expreso en su discurso, en el que hoy quiero rememorar su importancia. Pues nos ayuda a comprender muchos elementos históricos y políticos que aún siguen constituyendo y fundamentando nuestras acciones.

De los aspectos que aparecen en el texto que desde mi perspectiva aportan a los problemas filosóficos latinoamericanos destaco el siguiente: “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado”. Allí se encuentra plasmada la voz de protesta frente a la discriminación económica, política y cultural a la que hemos sido sometidos y que lamentablemente muchos de nuestros gobernantes la constituyen como paradigma en el ejercicio del poder. No obstante, en la actualidad seguimos dando pasos importantes hacía una liberación de consciencia que es lo más importante para transformar las estructuras sociales y políticas que nos alienan.

En breve, el desarrollo de las ideas nos permite comprender la realidad en la que vivimos, también indagar sobre cuáles son las condiciones que permitieron estructurar nuestro contexto, por eso seguimos pensando incansablemente…
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