El efecto Fukushima

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Escrito por:

Amilkar Acosta Medina

Amilkar Acosta Medina

Columna: Opinión

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De acuerdo con Mark Maher, Director de Sistemas avanzados de propulsores de vehículos de General Motors, "el 35% de la energía mundial la consume el transporte y la industria automotriz depende 96% del petroleo, por lo que se requeriría de la producción de seis Arabia Saudita para satisfacer la demanda". Ahora bien, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el consumo de energía en el mundo tendrá un incremento del 40% para el 2030 y un 30% del mismo será satisfecho con petróleo.

Se prevé que el efecto Fukushima puede conducir a una dependencia mayor con respecto al petróleo. Hasta el grave accidente de esta planta, el Japón dependía de la energía nuclear en un 25%, ahora tendrá que recurrir a otras fuentes. Aproximadamente el 17% de la energía que se consume en el mundo es generada con reactores nucleares. El efecto inmediato de esta tragedia ha sido la parálisis de su expansión y la revisión de la matriz energética en todos los países.

Ello, indudablemente, contribuirá a darle un renovado impulso al uso de las energías alternativas; pero, mientras estas se desarrollan a plenitud la dependencia con respecto a los combustibles de origen fósil (petróleo, carbón y gas) será mayor.

En tales circunstancias, teniendo en cuenta que por un largo trecho ineluctablemente nos tocará convivir con él, dado que el petróleo desde su extracción misma es altamente contaminante y contribuye ostensiblemente al alarmante cambio climático, es necesario mejorar la calidad de sus derivados. De allí la importancia de los biocombustibles, que no son otra cosa distinta a las mezclas del etanol con la gasolina y del aceite con el Acpm.

Ambos, además de capturar CO2 en la etapa de los cultivos para producir la materia prima, reducen las emisiones producto de la combustión de los motores.

El contraste no puede ser mayor: mientras por cada barril de crudo que se extrae se emiten entre 69 y 174 kilogramos de CO2 y por cada kilogramo de petróleo quemado se emiten 7.1 kilogramos de CO2; cada hectárea de caña de azúcar captura 60 toneladas/año de CO2 y libera 40 kilogramos de Oxígeno, al tiempo que al quemar la mezcla con el etanol se reducen las emisiones de GEI entre un 60% y un 80% con respecto a la gasolina motor.

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