Se siente aroma de primavera árabe en Venezuela

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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

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“Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”  (Martin Luther King- Premio Nobel de Paz 1964)


Inmersa e indolente continúa América Latina frente a tantas porquerías  democráticas que vienen ocurriendo desde tiempo atrás en la patria de Bolívar y Miranda, demostrando con esa cobarde y vergonzosa actitud que la lógica imperante es que cada quien se defienda solo y como pueda y ante esos execrables momentos prefieren mirar para otro lado mientras Venezuela, -hambrienta y vejada-, clama por solidaridad y ayuda humanitaria, la misma que parece no despertar el mínimo asomo de preocupación entre  el vecindario.

El domingo 30 de julio de 2017 pasará a la historia como el día en que el sátrapa Nicolás Maduro pulverizó cualquier asomo de democracia que pudiera subsistir en el país vecino, cuando la confabulación del tirano y sus esbirros, - Tribunal Supremo de Justicia y Consejo Nacional Electoral-, de manera cobarde y cochina llevaron a cabo un remedo de elecciones para elegir a 545 integrantes de una Asamblea Constituyente que de manera abyecta y rastrera despedazará los harapos que quedan de democracia y, a partir de ahí, enfilarán baterías para perpetuarse en el poder y terminar de fenecer con la otrora rica y poderosa Venezuela, país que tiene la segunda reserva petrolera más grande del mundo y en donde hoy no hay con que comprar un mendrugo de pan, al tiempo que el pueblo proclama su libertad de manera abierta y desenfrenada tomándose las calles y poniendo sus vidas al servicio de la causa, mientras los alcahuetas del régimen  siguen con sus oprobiosos métodos de represión.

En medio del circense y vergonzoso espectáculo pseudo democrático para el cual la oposición, los analistas políticos y las grandes encuestadoras presagiaban como mucho un potencial electoral de alrededor de entre tres y cuatro millones de votos, al filo de la media noche y en un acto protervo e ignominioso la señora Tibisay Lucena, presidente del Consejo Nacional Electoral, daba su parte de victoria y anunciaba sin sonrojarse y con todo desparpajo que se había obtenido un guarismo electoral de 8.2 millones de votos, caudal que ni el mismísimo Teniente Coronel golpista Hugo Rafael Chávez Frías había obtenido en sus días de esplendorosa gloria, lo cual demuestra que el chocorazo ha sido de las más graves afrentas a una incipiente democracia que ha tenido que lidiar durante los últimos veinte años con esa caterva de incapaces que han sumido al pueblo en el hambre circundante y de allí se desprenda la más grande diáspora que se conozca por esta comarca.

Todo esto era observado por los canales oficiales de la televisión bolivariana y sencillamente esa pandilla gubernamental ignoraba lo que ocurría en las calles, en donde el pueblo, -ese que tiene hambre y siente dolor-, desgarraba sus corazones con toda su fuerza posible para hacerle sentir al mundo lo que estaba ocurriendo y que era y es imperativo que la comunidad internacional intervenga para deponer al dictador y evitar más derramamiento de sangre y frenar esos ríos humanos atravesando trochas y caminos huyendo del depredador social y democrático, ese mismo que es respaldado de manera humillante por los sanguinarios uniformados del régimen que enfrentan al inerme pueblo como si fueran sus enemigos y de esa manera seguir disfrutando los placeres y privilegios que se tienen y viven al interior de los cuarteles.

Creo que ya es hora que surjan otras posiciones jerárquicas dentro de las Fuerza Armadas Bolivarianas y en razón a que los generales hacen parte de la cúpula gobiernista, se requiere que se dé el nacimiento de una primavera Árabe en el caribe y, emulando al Coronel Gamal Abdel Nasser, en el Egipto de 1952 cuando depuso al autoproclamado descendiente de Mahoma, el Rey Farouk, sean los coroneles descendientes de José Antonio Páez, -el León de Apure-,  quienes se taladren el alma rasgando sus sentimientos y den por terminado este periodo afrentoso y poner al ex conductor del metro de Caracas con sus secuaces, de patitas en la calle, para así restablecer la democracia, recuperar la dignidad y refundar la república.

Sin embargo,  y muy a pesar de que alrededor de 40 países han levantado su voz y manifestaron que desconocerán ese poder político de la Asamblea Constituyente, el pueblo venezolano y el mundo entero enfilan baterías para acabar con esta ignominiosa administración, sin tener que esperar que entre ellos mismos y de manera leviatánica, terminen comiéndose entre sí, por cuanto la voracidad del poder desenfrenado que muestran Diosdado Cabello, Elías Jaua y sus cortesanas, no tiene límites, así que pronto cesará la horrible noche y resplandecerá el sol que surca los cielos venezolanos. Dios quiera que así sea y pronto.
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