Universidad y Posconflicto

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Pensar el posconflicto desde la universidad es algo que merece toda nuestra atención. Y no sólo pensarlo, se requiere además que se vincule como otro actor fundamental en este proceso, para que actúe de manera directa, como plataforma de su función social y pedagógica para la que fue creada, cumpliendo la misión corporativa como formadora del capital humano necesario para la gestión gubernamental del posconflicto, que aún no parece estar preparado para manejar tan delicada responsabilidad.


Se han ido por las ramas las universidades colombianas. Corrieron algunas a montar y ofrecer a través del Gobierno Nacional los programas que les permiten a los ex-combatientes terminar sus estudios, “contribuyendo así a elevar su discurso público y sus capacidades frente a la situación que vive el país”. Otras, más audaces y astutas, se las ingeniaron para vender, a través de la Alta Consejería del Posconflicto también del Gobierno, talleres, seminarios, cursos, diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados en construcción de paz y otros temas afines.        

Las universidades de la Costa Caribe no se quedaron atrás. Con excepción de las del Magdalena, comenzaron a tratar el asunto incluso antes de que se firmaran los acuerdos de paz en La Habana: la de La Guajira con la realización periódica de mesas de trabajo comunitarias en el corregimiento de Conejo, donde se encuentra concentrado el frente 59 del Bloque Martín Caballero de las FARC. A finales de 2016, grupos estudiantiles de la Universidad Popular del Cesar (UPC) se echaron al hombro la tarea de pensar el posconflicto y la paz en su departamento, organizando desde la Cátedra Macondo visitas a la zona de Tierra Grata, en los municipios de La Paz y Manaure. 

La Universidad del Norte de Barranquilla con su programa de investigación y pedagogía UN Caribe, extendió sus tentáculos para cubrir desde Pondores (Municipio de Fonseca – Guajira) hasta Tierra Alta en el departamento de Córdova; explicando y difundiendo el contenido de los acuerdos con publicaciones semanales de sus docentes en el portal WEB de esta universidad en El Heraldo. La Universidad Tecnológica de Bolívar se anticipó a todas y creó el grupo de Memoria Histórica en 2012, mientras la de Cartagena ofrece una maestría para el Posconflicto.

Por su parte, la Corporación Universitaria del Caribe de Sucre, hace cuatro años abrió el Centro de Orientación Socio-Jurídica, para adelantar un trabajo dirigido a víctimas con enfoque de derechos humanos, con el cual ha estado presente en los Montes de María con una que otra incursión en municipios cordobeses. Y la Universidad de Córdoba lanzó el año pasado su Plan Paz Córdoba, con el fin de diseñar una hoja de ruta con visión de largo plazo, para la implementación de la paz en el departamento.

Como en Fuente Ovejuna, “todas a una”, las universidades buscan beneficios diseñando carpetas más atractivas con innovadores servicios académicos, basadas en las necesidades del momento político, que no está mal, por aquello de que siempre que se instruye se hace Patria. Pero, ojalá evitaran la improvisación que les impide llegar al fondo del meollo. Ser más consecuentes con el desarrollo de la región, en el caso de las universidades del Caribe; proponiendo por ejemplo pensar y actuar en la economía, en la geografía, la ecología, el arte, la cultura, la ciencia, la tecnología y el urbanismo del territorio después de la guerra, para diseñar con las víctimas que somos todos, enseñar e implantar modelos de desarrollo sostenible, que potencien la generación de riqueza, paz y bienestar.

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