Santuribismo: el frente nacional del siglo 21

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Escrito por:

Edward Torres Ruidiaz

Edward Torres Ruidiaz

Columna: Opinión

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Dieciséis años en el poder y el deseo, aunque ya no tan seguro, de ampliarlo cuatro más. El sueño de cualquier partido político del mundo es la feliz historia de Santos y Uribe en Colombia, tal y cual lo hicieron las familias Bogotanas del Frente Nacional que se repartieron el país hace cincuenta años dizque para que los de ruana no nos siguiéramos matando, según repitieron sus propios periódicos.

A inicios del nuevo siglo, cuando se creía que los partidos tradicionales estaban muertos, se anticiparon a cambiarles el nombre, incluso a colocarles su propio nombre, como bautizó Santos al “partido de la U”, con la “U” de Uribe, con la misma desfachatez con que después logró convencer a todos que era “U” de Unidad. El objetivo de perpetuarse en el poder les salió tan bien que la famosa pelea entre Santos y Uribe parece una jugada cuidadosamente planeada y calculada.

Culminadas las presidenciales de 2010, se esperaba que el país político se dividiera entre el Santuribismo y una naciente oposición conformada por el Polo y los restos de opinión de la ola verde. Con las calidades de mal candidato de Santos, exhibidas en la primera vuelta y los escándalos en proceso del Uribismo, no se requería ser adivino para pensar que esa oposición sería la primera opción en las presidenciales de 2014.

Pero la oposición necesitaba fortalecerse en el caldo de  la oposición. Y para debilitarla había que quitarle ese papel. Y entonces a Santos y a Uribe se les ocurrió inventarse una pelea para crear su propia oposición: Uribismo contra Santismo. El falso florero de Llorente fue lo que ellos mismos bautizaron la “guerra” y la “paz”. Falso porque un acuerdo de paz con las Farc era previsiblemente el paso siguiente a los acercamientos previos y a la derrota militar que ya les había infligido el Santuribismo.

Pero así lo hicieron y graduaron al Uribismo de “oposición”, así con comillas y repitiéndolo todos los días en sus periódicos, logrando dejar al Polo como un referente minoritario de esa oposición. El premio mayor de esa estrategia fue 2014, con el Santuribismo en pleno disputando la segunda vuelta presidencial y dueño de más del 90% del Congreso, simulando pelear en público pero votando en privado las mismas leyes y eligiendo a sus fichas como Fiscales y Procuradores. La siguiente parte de su plan es quedarse cuatro años más.

Pero no todo les salió bien. Sus propios escándalos de corrupción, la justicia internacional y la labor de valientes como Jorge Enrique Robledo tienen al Santuribismo contra las cuerdas de la opinión. Las cifras indican que hoy el voto contra la maquinaria Santuribista, representados en la convergencia Robledo-Claudia López-Fajardo y la otra opción de Petro, tienen más de la tercera parte de la intención de voto presidencial para el 2018, que los colocaría en segunda vuelta, algo “nunca visto” en esta época, aplicando las frases Adanistas de Santos.

Ante la evidencia de que uno del Santuribismo quedará fuera de la segunda vuelta, el Santismo busca reagruparse enviando, cual caballos de Troya, a Pinzón a colarse en el Uribismo, a Clara López y Samper a traerse lo que más puedan de la extrema izquierda y de las Farc para llevárselos a De la Calle a quien infiltró en el Liberalismo, a Roy a recoger lo que quede de la U y a Vargas Lleras a consolidar a los gamonales costeños en espera del nuevo Santuribismo. En 2018 los veremos unidos en segunda vuelta, advirtiéndonos que sin ellos y sus hijos el país se irá al abismo. Igual que nos lo dijeron sus abuelos hace cincuenta años para que ellos heredaran sus cargos. Pero eso será si usted vota por ellos.

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