A dónde vamos?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Dalber Zambrano Fernández

Dalber Zambrano Fernández

Columna: Opinión

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El crecimiento y desarrollo actual de nuestras sociedades, representa retos y riesgos que debemos asumir de manera responsable, pero desafortunadamente estas últimas palabras no tienen cabida  en nuestro actuar, parece ser que el hombre moderno está empeñado en destruir el espacio en el que convive, y de manera casi que autómata destruirse él mismo, un ejemplo es Asia continental,  citando países como la India, China, Afganistán, muchas de las ciudades de estos países presentan grandes problemas con la calidad del aire que respiran sus habitantes, pero la constante en estas ciudades es el rápido crecimiento de la población, acompañado de un alto consumo de recursos naturales como son bosques, suelos y agua lo que al final se traduce en una pérdida de biodiversidad.

Pasando a América, ciudades como Ciudad de México, Santiago  de Chile, y en Colombia Bogotá y Medellín,(sin mencionar ciudades de norte América) presentan altos niveles de partículas sólidas suspendidas en la atmósfera, lo que muchas veces hace imposible respirar el aire, y obligan a tomar medidas de choque como son prohibir el tránsito de automóviles y camiones, lo que no elimina el problema solo disminuye parcialmente los efectos de estas máquinas contaminantes.

Lo que en el fondo no parece detenerse es el apetito voraz de tener, de poseer, por parte del ser humano, y le pone valor a todas las cosas que hay en la naturaleza, todo se puede comprar todo se puede vender, desde un lápiz hasta la conciencia más firme y pura, es ahí donde estamos sumergido en un mar de yo tengo y puedo más que tú.

Resulta incomprensible  como una persona puede ser dueña de tantos bienes y dinero, mientras  hay muchos sin nada, ni con un centavo para comprar un pedazo de pan, es ahí donde como seres evolucionados y pensantes estamos fallando, hasta el momento ningún sistema político y económico de los muchos que hemos tenido a través de nuestra historia ha logrado poner en el mismo nivel a los seres humanos, incluso hasta los religiosos, no se trata de socialismo se trata de humanismo, de ver al semejante como un reflejo vivo de nosotros, como no lo hacemos con el que está a mi lado tampoco lo hago con la naturaleza que me rodea, y cada día vemos poblaciones humanas, teniendo como bandera el pretexto del desarrollo, acabando con los bosques nativos, acabando con los recursos del mar, inyectando agua en el suelo para sacar petróleo y no enumero más porque no me alcanza este espacio.

Lo que actualmente está pasando en el complejo lagunar Ciénaga Grande de Santa Marta es muy vergonzoso, para nosotros como sociedad, es el reflejo de lo poco o nada que hemos evolucionado como seres pensantes y respetuosos de nuestro entorno, actualmente en esa reserva de bosque natural se han construido carreteras, se han taponado caños, se han establecido terminales para cargue de carbón… y se sigue eliminando el mangle que habita desde mucho antes que nuestros ancestros colocaran un pie en estas tierras.

La importancia de los sistemas acuáticos donde hay mangle, es que estos son los más eficientes en capturar el CO2  de la atmósfera y en presencia de luz y agua lo transforman en O2  más glucosa y por ende mayor producción de biomasa vegetal.

La desgracia de este complejo lagunar se ha venido dando desde el siglo pasado y nuestras autoridades se han hecho los de la vista gorda desde entonces, el principal daño se lo ha hecho la vía Ciénaga – Barranquilla, lo más repugnante socialmente es que en esta vía hay dos peajes en menos de 50 kilómetros y de los millones de pesos que a diario se cobran a los sufridos usuarios de esta vía, no se ve un centavo invertido en la recuperación de este espacio de vida.

Finalmente cuando este sistema acuático muera y sea un completo desierto, los que hoy se llenan los bolsillos, ¿podrán sus descendientes estar contentos con lo que sus antecesores han hecho?

Podrán nuestras futuras generaciones disfrutar de la vista de un paisaje verde lleno de vida y más aún qué pensarán de nosotros que nos mantuvimos en silencio ante esta masacre a la madre naturaleza?

Perece ser que cuando el dinero habla siempre tiene la razón y no hay quien lo pueda refutar.
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