Los niños y la corrupción

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Abril, mes de los niños, debe motivar reflexiones tendientes a mostrarles una sociedad que les sea comprensible, para que tantas actuaciones que inevitablemente observan y oyen día tras día no se vuelvan mensajes engañosos, angustias y deformaciones axiológicas.

Son muchos los temas difíciles que los niños no digieren. Las noticias no están hechas para niños y, sea por falta de tiempo o por descuido, padres y adultos no se las traducimos de una manera pedagógica y menos traumática.

Esto, bajo el entendido de que nunca se les debe ocultar la realidad porque es peor. Es pertinaz el bombardeo noticioso de violencias, guerras, atropellos sexuales, desastres naturales, injusticias y corrupción, acto este que hoy campea en Colombia y del cual me ocuparé.

Por ejemplo, en el caso del grupo Nule (aunque hay muchos más), a los niños hay que explicarles claramente qué fue lo que hicieron esos señores y por qué está mal. En especial, a quiénes perjudican sus actos. Decirles cómo ellos mismos pueden palpar en la vida real las consecuencias perniciosas de la corrupción que narran los medios y cuáles son los daños que causa el robo o mal manejo de los recursos de todos los colombianos.

Tampoco es fácil explicar las violencias, pero éstas se manifiestan más evidentemente con imágenes de sangre, llanto y destrucción que por sí solas muestran su improcedencia. Pero las consecuencias nefastas de las corrupciones son menos evidentes y necesitan ser explicadas a los niños, tanto para que comprendan de qué se tratan sus escándalos como para que no las repliquen en sus pequeños círculos a su manera, ni luego como adultos.

Cuando un niño transita por una vía deteriorada, ve un escuela vetusta, pobreza, inundaciones, malos servicios públicos, pocas oportunidades de recreación y cientos de falencias más en su entorno, debe saber que gran parte de ello se debe a que el Estado no tiene suficientes recursos porque la plata se la roban, no siempre unos forajidos feos y con antifaz, sino personajes de buen vestir y hasta muy educados, que incluso él puede haber visto en los medios y en la vida real con su disfraz de bien.

Sencillo y duro. Pero es la manera de que los niños sepan por qué es malo apropiarse de lo ajeno y mucho más si es público. Que sepan que muchos de los hermosos carros, de las lujosas mansiones y de la vida ostentosa que observan en la TV, en las revistas y hasta directamente en sus vecinos o compañeros no han sido fruto de trabajo honrado, sino de vivezas, estafas, triquiñuelas y delitos. Que los dueños de esas cosas no pueden ser sus ídolos.

Obvio que no deben formarse la idea de que todo eso es fruto de corrupción, pero sí saber que muchas de esas fortunas han sido obtenidas con trampa y a costa de miles de personas que sufren por las carencias en los servicios de salud, educación e infraestructura a cargo de un Estado débil por ese constante desangre corrupto. También, que en últimas esos señores y sus familias por desgracia terminarán mal económica y socialmente.

Así los niños pueden asimilar positivamente el destape del descuadernamiento moral que hoy ven en Colombia, para que sea una enseñanza y aprendan a dónde lleva la trampa en el juego, en los exámenes y en su aún pequeña vida, y, por supuesto, para que no les quede la imagen pétrea de que este es un país sin remedio, de pícaros, donde es imposible progresar sin corrupción. Eso lo práctico, pues lo profundo -lo moral- es asunto obligado de más tiempo y elaboración.

 

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