Es Virna Lisi

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Es un hecho: Virnalisi ya no está en la gerencia de los Juegos Bolivarianos 2017 (JJBB2017) Lo dijo el alcalde Martínez y lo ratificó en sus Twitts de los últimos días: “…agradecemos excelente trabajo que realizó Virnalisi al frente de los JJBB2017. Destacamos su esfuerzo (y…) le damos la bienvenida a Guillermo Rubio (…) queremos que se dedique exclusivamente a seguir impulsando los Juegos Bolivarianos”. ¿Las razones largas o cortas? Se desconocen, como las de otras tantas cosas que ocurren en esta Administración, que prefiere las redes sociales a los canales institucionales para informar a los ciudadanos.  
 

Realmente, más que su salida me llamó la atención su nombre, que separado (Virna Lisi) es igual al que usó la célebre actriz italiana (realmente se llamaba Virna Pieralisi) que protagonizó “La Hora 25” al lado del muy famoso actor mexicano-estadounidense Anthony Quinn. La película, está basada en el libro que lleva el mismo nombre, escrito por Constantin Virgil Gheorghiu en 1949, en él cuenta las vicisitudes de un joven e inocente jornalero rumano, Johann Moritz, durante las ocupaciones alemana, soviética y americana de Europa Central durante la II guerra mundial.

Una pareja campesina, Susana y Johann, de cualquier lugar de Rumania asiste al ritual de la iglesia ortodoxa en el que bautizan a su segundo hijo. La multitud los acompaña, festejan al aire libre, es música instrumental con ritmo de kasachok. Prosigue para ellos una vida normal hasta antes de que suenen las primeras bombas de la guerra, cundo los alemanes se lo llevan para un campo de trabajo  creyéndolo judío. Años más tarde, lo rescatan los rusos hasta que nuevamente los alemanes “descubren” que genéticamente es el espécimen perfecto de la raza aria y finalmente, los americanos lo juzgan como criminal de guerra. Lo salva una carta de su mujer en la que le declara su rendido amor, al momento que sorprende a sus jueces diciéndoles: “…por más de ocho años no he sabido por qué he estado en ninguna parte”.  

Algo tiene de cierto la teoría psicoanalítica que sostiene a secas que “el nombre nos determina”. Es decir, uno no se llama Tarquicio o Gumersindo o Carlos por casualidad. El ser humano -sostiene la ciencia- es el único ser de la naturaleza que es pensado desde antes de ser concebido. Si es un varoncito, lo llamamos como el abuelo y si es niña le ponemos como mi hermana, que murió tan joven, la pobre. Cualquiera que sea la forma de asignarnos un nombre tiene un peso sobre la existencia de cada uno de nosotros. De ahí “la importancia de llamarse Ernesto” (el hermano imaginario de John), de Óscar Wilde.  

Me imagino a las personas, a sus padres que son los que finalmente toman ese tipo de decisiones por nosotros pobres inocentes, que optaron por Virnalisi para su hija, por ser la más mona, de ojos claros y mirada despampanante. Escasamente es lo que podemos apreciar en una recién nacida. Me las imagino muy metidas en el mundo del cine y en las andanzas de los directores, productores y realizadores que como Carlo Ponti, sabían escoger a sus protagonistas, beldades de la talla de Virna Lisi y Sophia Loren y, que además, apreciarían la calidad de un clásico de la época como lo fue “La Hora 25”.

Si bien el nombre nos determina, no quiere decir que vayamos a ser iguales o siquiera parecidos a los antepasados de quienes heredamos un nombre, en su forma de sentir, de ser y de ver. Habrá posiblemente algunas coincidencias, como las hay en tantos eventos de nuestras vidas. Incluso rasgos físicos que nos acercan al original. Pero, hasta ahí.

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