La paz que nos espera

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Pensar, escribir y opinar libremente sobre el tan recurrido tema de la paz se torna cada día más delicado y riesgoso, cualquiera que sea la postura que se esgrima. La polarización de la que es objeto hoy la sociedad colombiana puede fácilmente convertirnos en autistas frente al curso que puedan tomar los acontecimientos que siguen al proceso, después de la firma de los acuerdos de La Habana entre el Gobierno Nacional y las Farc. En cambio, para Rudolf Hommes “la que se ha polarizado es la burguesía colombiana”. En su columna dominical dice que se trata de “una derecha radicalizada que salió del closet y está contagiando al resto de la opinión pública”. El estudio anual que sobre opinión pública realiza el Barómetro de Las Américas en 28 países del continente no lo desmiente, informa del escepticismo (¿o el miedo?) que todavía nos asiste y, lo corrobora con cifras: el 67,4% de los colombianos apoya la solución negociada al conflicto armado y el 31,6% dice que prefiere una solución militar; mientras tanto sólo el 40% respalda los acuerdos de paz. Recientes encuestas lo ratifican: el 55% de los colombianos cree que la implementación de los acuerdos va por mal camino y el 67,2% no cree que la entrega de las armas ni la desmovilización guerrillera (por sí mismas) vayan a conducir a una paz estable y duradera.


Estar a favor de la paz es sinónimo de ‘entrega’ y estar en contra es síndrome inequívoco de ´ceguera’. Entrega, a los designios y voluntad de un gobierno declarado políticamente débil, incapaz y corrupto. Ceguera, por haber omitido el daño que ocasionaron cincuenta y dos años de guerra. Una u otra posición inhiben cualquier posibilidad de dialogo, encuentro o intercambio de ideas en paz, que permitan la construcción de un nuevo modelo de desarrollo (con una economía sustentable, un ambiente sostenible, una sociedad incluyente y una gobernabilidad confiable) que es, lo que finalmente a mi juicio está en juego. El desacuerdo existe, porque a sabiendas que la paz tiene un precio alto, nadie quiere pagarlo haciendo concesiones y sacrificios inevitables.

El viernes de la semana pasada estuvo en la sede de la Sociedad Bolivariana de Santa Marta, el doctor Frank Pearl, dos veces comisionado de paz, de los gobiernos de Uribe y de Santos, y ex-miembro de la última comisión negociadora del Gobierno Nacional en La Habana. Nos invitó a reflexionar acerca de cómo vemos a Colombia hoy, cómo a los colombianos y lo que creemos podemos hacer con esa Colombia que vemos y esos colombianos. A pesar que la mayoría de los asistentes compartíamos ese “deseo vehemente de paz”, se sentía a ratos un tufillo soñador y esperanzador y a ratos un inmenso vacío, particularmente cuando alguien osadamente intentaba escudriñar la intrincada realidad nacional. Iban y venían lecturas como visiones y frases de todo calibre, prudentes y civilizadas claro: …La sociedad colombiana está polarizada; la gente es buena pero está llena de odios y rencores que debemos sanar; los colombianos estamos imbuidos de un espíritu de reconciliación y de paz; la sociedad anhela el cambio, etcétera. Y también: Hay fallas protuberantes en la ejecución de los acuerdos, la paz es una prioridad nacional menor, queremos negociar sin ceder; hicimos la paz con la Farc pero qué va a pasar luego con las otras violencias; acaso la clase dominante y sus aparatos de poder se van a quitar porque sí y están dispuestas a combatir la injusticia, el hambre y la corrupción (¿?)

Inquietudes y reflexiones que dejaron una paz incierta impregnada en los viejos y enmohecidos muros del recinto bolivariano y que no sabemos hasta cuándo.
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