Portador de la esperanza

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Escrito por:

Wilfrido De la Hoz

Wilfrido De la Hoz

Columna: Opinión

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Los colombianos nos preguntamos con frecuencia, ante la descomposición socioeconómica y política de nuestra nación, ¿quién es o será el portador de la esperanza?

Antes de todo, expresemos qué es un portador de la esperanza. El primer portador de esperanza que conocemos es el Arcángel San Gabriel, cuando anunció a María el nacimiento de Jesucristo. Se dice que este arcángel fue un eficaz intercesor ante Dios; en virtud de ello, éste le asignó la misión de castigar a los rebeldes y a los pecadores, de repartir esperanza, fuerza y equilibrio.

El portador de esperanza para todos los cristianos es Jesucristo, pero como él dijo con claridad que su reino no era de este mundo, entonces el portador de esperanza de este mundo se debe buscar por otro lado. Esta concepción no pretende controvertir teorías clericales o confesiones religiosas.

Por otra parte, Colombia está viviendo una desesperanza generalizada, aunque gobernantes de turno pregonen que hay o habrá maravillas vividas por la sociedad entera. En el curso de la historia reciente han pasado varias oportunidades con visión de esperanza; pero como escribió Álvaro Cepeda Samudio “Todos estábamos a la espera”. Sin embargo fue suficiente que eligiéramos y reeligiéramos dos veces para que se formara el despelote político.

Ahora estamos perplejos ante la indecisión y la desesperanza, incrementada por los sucesos acaecidos como consecuencia de la desmovilización de las Farc y la intención confusa del ELN, para constituir nuevos partidos políticos y participar en las elecciones generales y presidenciales del próximo año (2018).

Entonces ¿quién será el portador de la esperanza para Colombia? Las facciones son muchas, de alguna de ellas saldrá quien el pueblo, en su real saber y entender, escoja como portador de la esperanza.

Muchos colombianos aseguran que nuestro país ha estado en guerra durante los últimos 53 años; esto quiere decir que los ciudadanos menores de 53 años hemos vividos sin portador de la  esperanza, llevando una vida enmarcada en tremendo conflicto de guerra. No obstante miramos con atención  a países vecinos y parece que nos acostumbramos a vivir bajo ese esquema, por lo menos en las zonas urbanas. Lo mismo podremos decir de los ciudadanos que viven en Cuba, pues ellos han vivido 59 años bajo la dictadura de los Castro, de manera que no sienten la diferencia de un leve cambio, pues la fuerza del diario vivir dentro del sistema, los convirtió en ciudadanos no reactivos. Así estamos nosotros.

Las encuestas para medir la intención de voto por personas señaladas o escogidas por partidos o coalición de los mismos, arrojan cifras que entusiasman y causan fervor a unos, pero sorprenden y desilusionan a otros; debido a que ya se propagó en la conciencia colectiva la desconfianza, de tal manera que no creen en las voces de jefes de partidos, ni de gobernantes mentirosos.

Todo ese andamiaje que llaman campaña electoral, no deja de ser más que un protocolo o serie de actos y procesos encaminados a engañar a inocentes electores, sin que en esos candidatos asome la más mínima señal de constituirse en un real y efectivo portador de la esperanza para el pueblo.

La estructura económica-política de Colombia no requiere en estos momentos de un portador de la esperanza asociado con ninguna comunidad de seculares, dedicado al ejercicio de los ministerios eclesiásticos. Por lo tanto la sociedad debe enfocar sus expectativas socioeconómicas más allá de lo que la nación está preparando para la primera semana de septiembre.

@WILFRIDODELAHOZ

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