Política laboral colombiana: “titulares y suplentes”

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

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La situación laboral en Colombia se convierte para los trabajadores en un universo de posibilidades, pero paradójicamente vincularse en un puesto de trabajo constituye también una infinidad de obstáculos, un desgaste emocional, de incertidumbre y un juego constante con el azar.


Es así que la necesidad del trabajo como condición constituyente de la vida material de todo ser humano, pasa a ser un elemento primordial dentro del desarrollo social y económico, más aún con la presión que ejerce el mercado y sus invenciones para el consumo constante de productos; que por un lado le permiten a las personas la satisfacción de sus necesidades primarias y por el otro, satisfacer  también otras necesidades que se han convertido en una extensión de estas, adquiriendo un carácter prioritario para la vida social y material. Dentro de estas encontramos no sólo la alimentación, sino el cine, la rumba, las facturas de redes móviles, el centro comercial y la celebración hasta del día del gato.

Sin embargo, para que este “disfrute” se dé a plenitud, se necesitan algunas condiciones fundamentales que te permitan tener un ingreso económico que surta los gastos vitales y los extensivos que he mencionado. Pero la realidad colombiana en materia laboral constituye una “carrera” de obstáculos, en la medida en que infortunadamente no se cuenta con estabilidad, ni tampoco con garantías de vinculación, indistintamente de la profesión. Estamos en una guerra laboral frente a los conceptos de “méritos”, “competentes para el cargo”, nepotismo y burocracia.

Tanto así, que con ironía, más que con jocosidad subtitulo el tema, en la medida en que las circunstancias laborales en Colombia se presentan como en los equipos deportivos, en donde hay unos titulares que en este caso son los que se encuentran vinculados y otros suplentes que están desempleados y a la espera, estos últimos con aptitud “positiva” diariamente buscan ganarse un espacio en el “equipo” (empresa) a través de un sinnúmero de pruebas psicotécnicas a las que son sometidos, además de pruebas específicas en las que se decide la suerte material de una persona, como también la oportunidad para el cumplimiento de responsabilidades adquiridas frente a un vínculo familiar y social.

Junto a esto, también existen otras complejidades que aunque parecen invisibles, son conocidas por la mayoría de las personas, tienen que ver en que a pesar que  se hagan ofertas laborales, el nepotismo y la burocracia hacen de estas oportunidades un lugar inalcanzable. Lo cual convierte la necesidad laboral en un desgaste emocional y de frustración para quienes con aptitud y esperanza esperan resolver el flagelo de esta problemática social y política.

No obstante, aunque dentro de la Constitución Política se contempla el derecho al trabajo, al igual que muchos otros derechos que allí están plasmados, se convierten en “letra muerta”, en la medida en que son cada vez más violentados no sólo desde las oportunidades sino también en la forma en que estas se direccionan. Todo esto genera como siempre divisiones entre unas profesiones y otras, entre generaciones en el caso de experiencia, años de vida laboral, estudios y actualizaciones.

Consecuentemente, “los suplentes” esperan que en un giro o terminación de un contrato de un “titular” puedan obtener su gran oportunidad. Por lo general, cuando se obtiene un puesto de trabajo en estas circunstancias no es por vacancia del cargo, sino que mientras uno adquiere el empleo, otro se está quedando sin él y en estos términos debe sentarse en la “banca”. Con lo anterior, las cifras de tasas de desempleo en el país son inmedibles por tales circunstancias, además que la informalidad o subempleos se toman como formales lo cual se constituye en sofismas de distracción para el mundo, la realidad social y económica colombiana.

Como resultado de esta problemática emerge un alto grado de deshumanización en el sentido en que muchos proyectos y metas se ven truncados no sólo por la falta del ejercicio laboral, sino también por lo que el mismo sistema  ha constituido como felicidad “la satisfacción de necesidades adquiridas” (Freud), éstas se complacen con dinero y consumo; dejando de lado algunas prioridades vitales como la salud, la plenitud del espíritu y la consciencia, además la autenticidad de la persona.

En síntesis, la política laboral colombiana no será distinta hasta que quienes propongan los proyectos de ley, sean los mismos representantes de las empresas o tengan acuerdos con las multinacionales. Siendo así, nos mantendremos en ese “círculo vicioso” en el que en algún momento seamos los “titulares” y en un tiempo determinado los “suplentes.”
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