ISO en gobierno

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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
En lo que a desarrollo territorial se refiere se nos olvida siempre atender las premisas que hacen del gobierno de un territorio una labor desde todo punto de vista confiable y no un negocio particular de los que mandan. O sea que la gestión cuente con el respaldo ciudadano suficiente para refrendar cada acción en favor de sus intereses. Se nos olvida por ejemplo que a los mandatarios locales y seccionales, como al propio presidente, los elegimos nosotros y que, como sus electores, estamos obligados a demandar de ellos probadas respuestas a nuestras necesidades y cuentas claras sobre la distribución de nuestros tributos.


Se nos olvida con frecuencia que nos informen acerca de las actuaciones que realizan los gobernantes. Antes, para opinar a favor o en contra de los argumentos que las sustentan, para verificar si corresponden o no a lo planeado y precisar cuáles son sus alcances de acuerdo con la visión de largo plazo, que hayamos convenido al definir nuestros propósitos colectivos. Al momento mismo de su realización, a fin de contribuir con el seguimiento y garantizar la calidad de la intervención y, al final, con el objeto de verificar si se lograron o no las metas y objetivos que nos habíamos trazado. Un gobierno que está pendiente de que la ciudadanía participe, que vote, opine, decida y actúe es lo que se conoce hoy como un gobierno confiable.
Desde 2005 el IWA 4 de la ISO creó un nuevo paradigma en materia territorial y además, diseñó el primer estándar mundial, que permite medir que tan confiables, eficaces y eficientes son los gobiernos de hoy. A pesar de que Colombia suscribió la aplicación de esta norma en 2010 -que cruza políticas públicas con calidad de la gestión medida en resultados, desempeño e impactos, con necesidades universales (Objetivos de Desarrollo Sostenible), con tecnología de la información, con transparencia gubernamental y con participación ciudadana organizada y basada en datos-; no se aprecia el más mínimo esfuerzo por incorporarlo en debida forma, para volver a confiar en nuestras instituciones.

Parece que nos quedamos amañados con el trabajo que realiza en el país la organización Transparencia Internacional, que bien o mal cada seis meses a través del programa “Ciudades Cómo Vamos”, nos entrega un balance de la gestión de gobierno en algunas ciudades capitales, al tiempo que les muestra a los mandatarios en qué va el cumplimiento de las metas del plan de desarrollo en un acto público distante y frío, plagado de cifras que a muy pocos nos dice casi nada de lo que requerimos saber y que la prensa divulga sólo si cuenta con el beneplácito de la autoridad respectiva.

El nuevo estándar ISO nos aporta un mapa imprescindible para entender el gobierno; ubicar y tramitar planes, programas y proyectos; nos orienta sobre el modo de formular y cómo aplicar políticas públicas en ese mundo incomprendido y poco explorado de los gobiernos. Un mapa sin el cual las incursiones en temas del desarrollo municipal y la descentralización únicamente rozarán la superficie de los gobiernos abiertos, sin acceder a la transversalidad horizontal y vertical que las políticas públicas exigen para ser eficaces. Señores alcaldes y Gobernadores: ¿si nada deben entonces, a qué le temen?

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