La Colombia del posconflicto

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edmundo Jiménez Valest

Edmundo Jiménez Valest

Columna: El Hurón

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¿Por qué no? ¿Es imposible? Ya no es sueño, es una realidad. Colombia escogió el camino de hacer que sus conciudadanos vean el futuro con optimismo y esperanza. Escogimos el  posconflicto de la convivencia; escogimos el posconflicto de procurar mirar al otro, como superior a uno. Este es el posconflicto que necesitan los colombianos: es el mejor. Escogimos el posconflicto de querer ver más Universidades Públicas y educación Superior de excelente calidad para ese universo de personas que quedan sin la oportunidad de acceder a los claustros universitarios; escogimos el posconflicto de más inversión en el gasto social y el de procurar y ver ciudades innovadoras donde se persiga, no al ciudadano, sino que, se vislumbre una disminución sustancial de la pobreza y la indigencia; escogimos un posconflicto donde veamos una disminución de la inequidad; donde los derechos fundamentales y el acceso a la Justicia, sean los pilares del desarrollo del Estado Social de Derecho que hoy se encuentra en la insipiencia.


Ayer veíamos películas de una ficción espectacular donde se observaba que todo lo que allí se plasmaba era imposible de realizar por el hombre. Hoy vemos, ya no con asombro los alcances que ha tenido el desarrollo de la ciencia y el conocimiento del hombre, sino que, todo aquello es posible llevarlo a cabo, tanto es así que el hombre, con su precario conocimiento del universo, está a punto de lograr que algún día se viaje a la velocidad de la Luz. Hoy verdaderamente es un imposible, mas sin embargo, ha podido superar la salida de la atmosfera pesada que rodea y protege a la tierra y, en especial al ser humano, de las inclemencias de los rayos solares y de altas temperaturas como también, de objetos que atentan de manera permanente contra el astro tierra. Seguramente que en 100, 200 o mil años alcanzará a viajar a la velocidad de la Luz y podrá de esa manera explorar las inmensidades de ese universo, que sigue siendo un enigma para la sabiduría del ser humano en la actualidad. Entonces, ¿por qué no pensar en un posconflicto con una alta dosis de convivencia humana, donde el desarrollo humano sea la clave para aumentar ese nivel y calidad de vida a la que siempre se ha anhelado?

El posconflicto será como lo queremos sí colocamos la piedra en el sitio señalado para que el desarrollo de Colombia sea cada vez mejor: disminución de la brecha social y aumento de la cobertura de la Educación Pública Superior junto con su calidad, es decir, convertir a las Universidades en Instituciones con una alta dosis de investigación. Allí, en mi opinión, estará el éxito del posconflicto. Todos los colombianos estamos altamente optimistas que la guerra no retornará a  los límites que se mostró en las décadas pasadas; eso no se dará por cuanto está mostrado que quién abre el espacio y el camino para retornar a una convivencia pacífica, somos los mismos colombianos, claro está con las ayudas exógenas que se han dado por parte de países vecinos y lejanos, eso lo tenemos claro. Debemos procurar un posconflicto alegre, plausible, transparente y cristalino para tener la convicción, entonces sí, de decir y manifestar que Colombia ha escogido la era de la convivencia pacífica. Claro está que llegado el posconflicto, es necesario estar preparados para afrontar una series de retos capaces de superar las diferencias entre los colombianos que nos ha mantenido sumido en pobreza y miseria por culpa de la guerra.

Un posconflicto alegre, visible y no arrogante; con inversión sustancial en educación, con generación de empleo sostenible y digno, es lo que esperamos todos. Abrazarlo es lo que nos queda. Superar con fortaleza y sabiduría los intentos de destrucción de la convivencia que se asoma en la Colombia, es nuestro reto. El éxito de este experimento, como es el proceso de Paz con la guerrilla, depende de que los actores se pongan de acuerdo, como dijo ese dirigente político, q.e.p.d., en lo fundamental. Y ¿Qué será lo fundamental?  Necesariamente la Paz, no tenemos otra alternativa, tenemos que caminar por ese sendero que seguramente nuestros hijos y nietos lo agradecerán.

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