La pobreza de los que no marchamos

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Escrito por:

Edward Torres Ruidiaz

Edward Torres Ruidiaz

Columna: Opinión

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Marchan Buenaventura y Chocó reclamando más inversión, pero al menos los miran. Existe otra región con mayor abandono, adonde, en cambio, nunca llegan los ojos del gobierno ni de la prensa.


Es la Depresión Momposina, una veintena de municipios que flotan en un mar cenagoso alrededor del municipio de El Banco, con el 89% de población en condiciones de pobreza multidimensional – IPM – que superan de lejos a Buenaventura (IPM de 67%), al Chocó (IPM de 86%) y casi duplican el IPM promedio nacional del 48% y el de sus capitales departamentales Santa Marta (49%) y Cartagena (43%) (DNP, Dane 2005).

Su porcentaje de hogares con inadecuadas condiciones de vivienda es veinte veces superior al de Buenaventura, decuplica al Chocó y sextuplica al promedio nacional y sus carencias en saneamiento básico cuadruplican al promedio nacional. Buenaventura al menos posee universidades presenciales y otros servicios que los jóvenes de El Banco solo pueden ver cuando visitan las lejanas capitales.

Así que, si por pobreza y atraso fuera, los que debieran estar marchando son El Banco y los demás municipios de la Depresión Momposina.

El único “premio” a la pobreza sería el círculo virtuoso de “focalización del gasto público” donde “a mayor nivel de pobreza llegan más recursos al departamento...que llegan a los municipios pobres.... para disminuir su pobreza...”. Para ello se incluye el nivel relativo de pobreza en las fórmulas de distribución de transferencias a departamentos. No obstante, el alto nivel de desviación estándar del nivel de pobreza intermunicipal (17 en el Magdalena y 22 en Bolívar) cambia el sentido del círculo a uno vicioso: “a mayor nivel de pobreza llegan más recursos al departamento...que no llegan a los municipios más pobres sino a municipios ricos....lo cual aumenta la pobreza de los más pobres... y así llegan más recursos al departamento...” Una trampa técnica que causa que los municipios más pobres reciban recursos por debajo de su real nivel de pobreza, mientras las capitales Santa Marta y Cartagena lo hacen por encima de este además de la ventaja de administrar en su favor su distribución.

Y al parecer el DNP no se ha enterado del fracaso de su sagrada fórmula de focalización, por lo que en 2013 en El Banco se promovió una consulta popular para crear un nuevo departamento, herramienta que permitiría corregir esta situación al agrupar a municipios homogéneos en pobreza, bajando la desviación a apenas 9, un increíble mejoramiento del 60% respecto a la aberrante desviación de Magdalena y Bolívar. Pero la Consulta popular fue prácticamente saboteada por la Registraduría Nacional, ante la indiferencia del resto de Colombia.

Porque Colombia no sabe que existimos. Nuestros alcaldes deben pagar a los medios nacionales para que difundan a nuestros pueblos inundados. Este año un niño en El Banco fue secuestrado por un grupo guerrillero que está en proceso de diálogos con el gobierno nacional y la familia, de escasos recursos, debió pagar a los medios para que emitieran una tímida nota y hasta gastos de la fuerza pública. Estos aberrantes detalles, distinto a cuando suceden en Bogotá o Barranquilla, pasaron desapercibidos para el resto de Colombia y terminaron olvidados por una misteriosa estrategia de “tapen-tapen”, inconveniente tal vez para la imagen del “nuevo país en paz” que desde el gobierno nacional ordenan vender. Esa es la otra tragedia de nosotros los pobres invisibles: que nadie se entera.

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