Mujeres que sorprenden

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
El ya habitual y refrescante paseo vespertino de los samarios por los pasillos del Buena Vista, fue drásticamente interrumpido el jueves pasado con la inauguración “relámpago” de una exposición en blanco y negro de fotografías que, como pocas, no tenía nada en común.
Aunque eran mujeres de carne y hueso, de esas que vemos en el duro trajinar de cada día,  en paños menores, mostrando, a través de contrastes en claro-oscuros y grises de la lente audaz, impertinente y voyerista de Hugo Vega Rodríguez, las marcas indelebles que el tiempo y su vocación de madres les dejaron en el cuerpo.

Vea usted. Santa Marta se presta para la transgresión. Quién lo creería. Antes hubiese sido un tremendo escándalo. Fulanita en pantis. Pudieron comentar personas desprevenidas atraídas por la curiosidad, pero no lo hicieron. Yo no me hubiese atrevido, dijo otra. Pero, en el fondo unidas en el reconocimiento y de algún modo en la envidia por la osadía y el coraje de las que aún creen que hay belleza en sus pieles morenas aún lozanas y firmes, en sus rostros, en sus ademanes sueltos y en sus gestos de amor. En ellas, que creen en sí mismas, sin apegarse a los rituales de la belleza impuesta a la sociedad que paranoicamente consume estereotipos.

La idea surgió prácticamente de “la nada”, me comentó Verónica Meléndez, directora de la Oficina de la Mujer del Distrito y promotora del evento. “De mirar críticamente el comportamiento de nuestras mujeres frente al temor de mostrar sus cuerpos tal y como ellos son; de verlas (y de verme) algunas veces, inseguras y cobardes, doblegadas ante los hombres y ante las circunstancias por no tener una figura esbelta, juvenil, fragante, ágil y resuelta”. No fue una convocatoria abierta, tuvimos que conversar con cada una por separado, tratando de convencerlas de lo importante que era para ellas y para las otras.

No fue fácil persuadirlas. Algunas declinaron. Pero finalmente, dieciséis recias damas se le midieron, aceptaron el reto de desnudarse y de posar. Lo disfrutamos y hoy podemos ver reflejado nuestro valor en veinticuatro fotografías que se exhiben al público sin moralismos ni tapujos. Ahí están nuestros cuerpos al natural, nuestras miradas y nuestras mejores sonrisas como también nuestras capacidades e inteligencia, diciéndoles a todos está es la mujer samaria, que como tú y como todas sienten la necesidad de ser reconocidas, valoradas y amadas.

Spencer Tunick, el fotógrafo estadounidense de las multitudes desnudas, que logró fotografiar a cientos de miles de personas mostrando sus cuerpos en las grandes ciudades del mundo, rindiendo un homenaje a la belleza corporal de todas las edades, avalaría sin pensarlo dos veces esta iniciativa, por la calidad de la iniciativa, por sus contenidos y por la contundente respuesta de mujeres oficinistas, amas de casa, lideres comunitarias, profesionales y comerciantes samarias que decidieron despojarse de sus vestidos y ataduras, para revelar las huellas ocultas de su pasado, acompañadas y respaldadas por sus esposos, hijos, familiares y amigos más cercanos.

La invitación es a que ustedes también visiten la exposición y a que se dejen llevar por la infinidad de sensaciones creativas que despierta la desnudes humana de unas mujeres mayores y adultas jóvenes, que atraen hacía ellas solo miradas de agradecimiento.

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