El Centro Democrático de Centro y la Nulidad Parcial de los Acuerdos

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El Pájaro de Perogrullo

El Pájaro de Perogrullo

Columna: Opinión

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La convención del Partido Centro Democrático (PCD) se celebró el fin de semana pasado. Cinco pre-candidatos (Guerra, Duque, Nieto, Holmes y Valencia) expusieron sus tesis, al igual que lo hicieron Ordóñez y Garzón, como invitados especiales, y Londoño, quien además fue nombrado Director Honorario del PCD.


Así, bastantes matices se presentaron en el contenido de cada una de las intervenciones. Lo cierto es que el PCD es un partido de centro, como lo ha manifestado el Ex-Presidente Uribe, y por ello de equilibrios. Contiene elementos que para algunos pueden ser, pero para otros no son necesariamente, ni de derecha, ni de izquierda, en los diferentes asuntos como seguridad, asistencia social, subsidios, crecimiento económico, derechos humanos, etc., lo cual lo hacen equilibrado.

La seguridad democrática, donde el Estado tiene el monopolio de las armas y defiende la vida, honra y bienes de los ciudadanos, no tendría sentido si no se respetan los derechos humanos y la libertad individual, por eso es seguridad y democrática, entendiendo que en todo momento se deben respetar las reglas democráticas y el imperio de la ley justa y válidamente promulgada. La confianza inversionista tampoco tendría sentido si el crecimiento económico no mejora la condición de vida de los ciudadanos, por lo que la cohesión social se hace necesaria para la generación de oportunidades para todos y la superación de la pobreza entre todos.

El diálogo popular significa estar en permanente diálogo, cercano y fraternal, con todos los sectores, sin excluirlos o estigmatizarlos, para conocer sus necesidades y preocupaciones, con el objetivo de generar políticas públicas que den soluciones a los más grandes problemas sociales. Por eso, causa consternación que lo expresado por periodistas y otros sectores sea la “salida del closet” del PCD, respecto a los acuerdos, y su supuesta inclinación omnímoda a la derecha. El asunto es el balance.

La izquierda democrática o moderada, los del sí, los Santistas arrepentidos y todos aquellos que ven con preocupación la implementación de los acuerdos son bienvenidos. El PCD no es un club privado de ex-conservadores, o de ex-liberales, o ex-U, sino abierto a militantes comprometidos con las ideologías del partido, que son, de centro, y por eso además buscará coaliciones con todas las vertientes que quieran sumarse a ese fenomenal esfuerzo de retomar el camino adecuado. Jurídicamente se podría construir la tesis de que todo lo actuado a través del mecanismo de “fast track” es nulo de nulidad absoluta, por el sólo hecho de que se requería refrendación popular directa. Esto, que jurídicamente podría ser lógico, en la práctica puede significar un sismo institucional total.

Lo conveniente, lo lógico y lo práctico es mirar los acuerdos de La Habana, y las normas que los implementen, con beneficio de inventario, a la luz de principios y valores democráticos, la conveniencia ciudadana y el respaldo popular, de manera que, solamente aquellas cosas pactadas y desarrolladas que sean adecuadas y convenientes para el grueso de los colombianos y que respeten el marco legal democrático y justo, podrán superar el umbral de la ilegalidad. No se trata de tirar al traste todo el acuerdo, a pesar de que ganó el “No”, por cuanto la Corte Constitucional salvó el mecanismo “fast track”, así fuere de una manera desafortunada y hasta amañada (al final es la Corte y se debe respetar).

Se trata de recomponerlos para que sean legítimos en todas sus partes. En realidad, son legales, en cuanto a la terminación del conflicto y otros asuntos como la entrega de las armas, y hasta las amnistías a los guerrilleros rasos, pero son nulos parcialmente en asuntos inconvenientes para la nación y sus ciudadanos.  Por ello hay que buscar el centro y sus equilibrios en 2018, como la vía para recuperar el camino adecuado que teníamos hasta el 2010.
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