¿Santa Marta necesita replantearse?

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Escrito por:

Andrés Lafaurie Bornacelli

Andrés Lafaurie Bornacelli

Columna: Opinión

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Sin duda tenemos una de las ciudades más hermosas del país, siendo modestos, pues en realidad es una de las ciudades más bellas del planeta. Santa Marta ofrece desde las playas cristalinas del Parque Tayrona hasta el más inclemente frío en las estribaciones de la Sierra Nevada. Igualmente cuenta con una posición geográfica absolutamente maravillosa y el calor de nuestra gente la convierte en la tierra preferida de todos, la cual muchos llaman “El mejor vividero del mundo”.


Ahora bien, apartándonos un poco de todas las maravillas naturales que tenemos, también conservamos uno de los problemas más grandes que una ciudad antigua puede experimentar, la falta de planeación. Santa Marta se convierte en una pesadilla cuando nos ponemos al volante (antes diría solamente en horas pico, pero hoy en día a cualquier hora) e intentamos movilizarnos a cualquier zona de la ciudad.

Santa Marta, digamos que desde pasadas administraciones para no causar resentimientos políticos entre los lectores, ha venido padeciendo por la falta de infraestructura, regulación ambiental, uso del suelo, desarrollo sostenible, etc. Para ponerlo en palabras claras y ejemplos concretos, nos faltan calles más amplias, andenes útiles, planeación y regulación sobre nuevas construcciones en zonas sensibles de la ciudad como en el centro histórico, correcta iluminación de las calles, avenidas y pasos peatonales, implementación de programas que coloquen al peatón como sujeto preferente en regulación del tráfico, adecuación de nuevos cruces peatonales, programas de concientización sobre las normas básicas de urbanidad y, por último y no menos importante, Santa Marta necesita más árboles, parques verdes y no solo de concreto, reforestación urbana y cuidado sobre los mismos.

Hace un par de años todos fuimos testigos de la tala de muchos árboles en la ciudad, la instalación de nuevos separadores y la consumación de una aberración ambiental al pretender reemplazar antiguos árboles por cactus o plantas ornamentales. Esto va más allá de política y tampoco se trata de compararlos con otras ciudades como muchos lo hacen cuando discuten sobre los árboles de las grandes avenidas de Valledupar, esto es llanamente una vergüenza para todos aquellos que hoy vemos como acabaron todas esas plantas y más aún para aquellos que ordenaron su construcción.

Adicionalmente, los nuevos separadores son excesivamente angostos, muchos no fueron adecuados al mismo tiempo que las cebras y los pasos peatonales, así como varios no tienen el espacio suficiente siquiera para el paso de una silla de ruedas.

En Santa Marta todavía es común encontrar un jardín infantil justo en frente de una cantina, de un billar, etc. Tampoco es sorpresa ver como cada día se siguen erigiendo construcciones que atentan contra la seguridad del peatón al reducir exponencialmente el espacio de los andenes. En algunos lugares al no haber andenes o a pesar de existir muchas veces los árboles, rampas, huecos o vendedores ambulantes nos obligan a caminar sobre la calzada, atentando nuevamente con la seguridad del peatón.

Santa Marta si quiere ser una ciudad del futuro, o al menos del presente, debe empezar a preocuparse más por el peatón, incentivar el uso de medios de transporte público, incentivar el uso de bicicletas y proteger el medio ambiente y correcto uso del suelo. Definitivamente no todo se debe reducir a inaugurar parques, que en muchos casos no cuentan ni con un solo peso invertido en zonas verdes.

¡Feliz Martes!

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