Festivaleando en 2017

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Quintero Olmos

Andrés Quintero Olmos

Columna: Pluma, sal y limón

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Está de fiesta mi pueblo, ya casi comienza el Festival y me vinieron a invitar. No podía por ausencia sentimental resistirme. A pesar de tener trabajo a tutiplén, este año sí iré al Festival porque Rey de Reyes es cada diez años y primero es lo primero.


Ya me contaron que en esta oportunidad las grandes presentaciones se harán, a precio millonario, con Marc Anthony y Nicky Jam, nobles representantes de la música no-vallenata. Me indicaron que el futuro Rey de Reyes este año será coronado entre dos canciones del artista principal del cierre, casi en anonimato y sin tiempo de aplausos. Ojalá sea él el centro de atención de esa noche y nos pueda tocar, tras su coronación, su mejor repertorio para que Nicky Jam (que debería ser el artista subsidiario) se emocione y se dé una vuelta por el Guatapurí y se toque un vallenato reggaetoneado.

Me tertuliaron que ya los valduparenses no organizan parrandas en el 2017 porque se tornaron en ser muy costosas. El whisky ya no se contrabandea como antes, el IVA está prohibitivo y ahora todos los músicos piden como mínimo diez millones de pesos por tanda, toman trago fino y molestan por el aire frío de la noche. ¡Vé! antes sí que era como mejor la vaina: Francisco el Hombre no le cobraba ni al Diablo.

Asimismo, me pontificaron que ya no existen las parrandas, ahora sólo se asiste a conciertos de música de acordeón con micrófono, parlante, bajo, recontrabajo, batería, guitarra, conga, etc. y, si están de buenas, con algo de trinche de guacharaca y tambor plastificado en el fondo acústico. Y a eso se le dice contemporaneidad y patrimonio inmaterial de la humanidad.

También, me comentaron que los festivaleros ya no vienen a escuchar las tertulias vallenatas sino que vienen a socializar con los fotógrafos de la vida mundana, eso sí por filantropía jetsetera. Se visten como si fuera Valledupar un Cartagena más, pero nadie les dijo que en el Valle no corre el viento marino, que no hay yates y que la humildad entorno al folclor lo es todo. Me chismosearon que ahora los ministros y congresistas cachacos, y algunos costeños desinteresados, vendrán a Valledupar a cambiar la mermelada por el licor, la caja estatal por la caja vallenata, los debates por las tertulias, las acusaciones por los abrazos, los fueros por los quioscos, los sobres por las lluvias, la honorabilidad por el temple, las alaridos por los cantos, el piano por el acordeón, el ajiaco por el sancocho de chivo, la resaca por el guayabo y los vestidos de baño por los calzoncillos de nuestros playones.

Además de esto, me soltaron la noticia que este año no viene Pitbull, decoroso invitado que estuvo hace un par de años y que nunca supo muy bien como pronunciar Va-lle-du-par. Lo bueno es que los puristas seguimos a salvo porque sigue con seriedad el concurso con sus diferentes categorías y porque este año homenajearemos a las verdaderas estrellas del evento: a los Reyes vallenatos, pero también a sus cajeros y guacharaqueros. Ojalá se les rinda el tributo que se merecen. @QuinteroOlmos
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