Se acabó el juego

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Asia vive un momento de tensión y todo por cuentas de la actitud belicista del líder Norcoreano.  Recordemos que la guerra entre las Coreas no ha terminado.  En 1953 se firmó un armisticio; es decir, la guerra puede retomarse en cualquier momento.


Desde el armisticio mucho ha cambiado.  La península coreana quedó dividida en dos: El Norte comunista y el Sur capitalista.  Mientras el Sur se convirtió en uno de los milagros económicos de la segunda mitad del siglo pasado y es parte de los Tigres Asiáticos, el Norte bajo la dictadura de los Kim ha reprimido a sus ciudadanos y tiene una economía que produce cañones pero es incapaz de alimentar a su pueblo.  Los Kim concluyeron que extorsionar al mundo es más fácil.

A pesar de que la Guerra Fría supuestamente terminó, es decir, no hay debate ideológico-militar sobre qué sistema económico es mejor, la China “comunista” ha subsidiado al régimen de terror de los Kim por décadas.  En parte para evitar una crisis humanitaria, y en parte –digo yo- como estrategia contra Occidente.  La pantomima del loco furioso y asesino del vecindario que solo le hace caso a China, le sirve muy bien a los chinos.

En medio de la Guerra Fría, la estrategia del loco y el loquero funcionó a las mil maravillas porque esta guerra se estaba peleando en todos los continentes y había que escoger cuidadosamente los frentes de batalla.  Hoy esta no es la situación, y aunque los últimos presidentes estadounidenses han optado por la línea del apaciguamiento o paciencia estratégica y así han cedido a la extorsión de los Kim, Trump no se cree el cuento del loco y el loquero y no está dispuesto a dejarse chantajear: o el loco recobra la razón milagrosamente o lo meten en camisa de fuerza.

La paciencia estratégica de poco sirvió, y Corea del Norte está a un paso de lograr tener misiles intercontinentales capaces de llegar a los Estados Unidos.  Esto hace imperativo un giro radical en la política de los Estados Unidos porque para mañana es tarde.

Siempre asoman los “pacifistas” asustados ante la posibilidad de una guerra; quieren continuar con el apaciguamiento, aunque no sirva de nada, solo porque les sirve de chupo para calmar la ansiedad.  No entienden que  la posición de fuerza en algunas circunstancias es la mejor estrategia diplomática.  Cuando el loco estaba armado con un palo era una cosa, ahora tiene una metralleta y está a punto de hacerse a una bazuca, entonces la cosa es a otro precio.  Detenerlo puede hacer que regresen las hostilidades y que incluso se desate una tragedia nuclear en la Península coreana y sus vecinos, pero es un riesgo que hay que tomar porque más tarde el precio sería mucho más alto. Con toda seguridad los Estados Unidos han contemplado este terrorífico escenario.

A China se le acabó el juego y le toca demostrar que efectivamente tiene poder sobre el loco; de lo contrario habrá guerra, y China no la quiere en su vecindario y mucho menos quiere verse involucrada.  Esperamos que la amenaza se desactive pacíficamente, pero debemos estar preparados para lo peor.
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