Centralismo para tontos

Columnas de Opinión
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Muchas personas se jactan de gritar que después de 53 años de estar en guerra, al fin vamos a estar en paz. El caso colombiano es el más particular de los casos de violencia en el mundo, pues el descontento general de la gran mayoría de ciudadanos con el gobierno central es también asombroso.


Desde mucho antes de la creación de la República los dirigentes de esta hermosa nación han venido sosteniendo las más encarnizadas contradicciones en lo político, en lo económico y en lo social, hasta el punto que, como observamos actualmente con ocasión del proceso de negociación con las FARC, uno de los tantos grupos guerrilleros alzados en armas, todavía estamos alegando ideas disímiles que no alcanzan a congregar ni satisfacer a la gran mayoría ciudadana.

Los argumentos de unos y otros se han dado durante varios foros nacionales y/o regionales y siempre se ha llegado a la misma conclusión que en Colombia el sistema de gobierno, está diseñado para que éste se ejerza desde el centro, es decir nos cobija un gobierno centralista, en todos los sentidos, de tal manera que las regiones, bien definidas en nuestra nación, no tienen la más mínima autoridad para generar y ejecutar sus propias aspiraciones democráticas para su desarrollo.

Por ejemplo, la rama Ejecutiva del Poder Público no deja mover un peso del presupuesto nacional en proyectos regionales si no lleva el visto bueno del nivel central; tanto que se han atrevido a asumir funciones administrativas de gobernantes regionales por funcionarios del nivel central, como en el caso de La Guajira, argumentando el fantasma de la corrupción.

En este antiquísimo sistema centralista, a diferencia del modelo federalista, todas las decisiones regulatorias de los Departamentos, Distritos, Áreas Metropolitanas y Municipios tienen que estar sometidas bajo el ámbito regulatorio del Congreso de la República.

Por otra parte, y como si fuera poco el Poder Judicial condiciona las decisiones de los jueces a revisiones por tribunales superiores o altas cortes, en temas penales, civiles o administrativos, lo cual está permitiendo que las Cortes y el Consejo de Estado estén asumiendo tangencialmente funciones legislativas en temas propios de otra rama; tal es el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo, derechos de homosexuales y otros temas

Estudiosos de los problemas regionales en Colombia han afirmado que desde la creación de la Gran Colombia, este modelo de gobierno centralista ha empobrecido a las regiones, de tal manera que de no haberse separado Panamá hoy sería como el Chocó, Ecuador como el Putumayo y Venezuela como La Guajira.

Antes y después de la Constitución de 1991, durante todos los Foros del Caribe que se han llevado a cabo en varias ciudades de la Costa Atlántica siempre se habló mucho pero se ha hecho poco. Hasta ahora no se conocen proyectos concluidos en beneficio de los costeños; ¿por qué? porque  los funcionarios del nivel central que mandan para que atienda las quejas y reclamos de la región se mueren de la pena alabando con loas no sinceras para que hasta ahí llegue la acción.

Por eso, cuando al fin nos pusimos de pie para protestar contra Electricaribe, a muchos dirigentes del nivel central les temblaron las piernas muchos años para tomar decisiones en favor de la región. Ya cuando la cuestión se hizo irreversible, ahí sí salieron a decir que pitos y flautas.

Los colombianos de las regiones siempre llevan la peor parte, pues cuando de atender sus necesidades críticas se trata, quienes van o vienen a atender las peticiones son funcionarios de segundo o tercer nivel que no cuentan con poder ni capacidad para resolver; lo cual los convierte en negociadores de promesas no cumplidas o de volver a prometer lo que nunca se va a cumplir.

Muchas veces se ha discutido suficientemente en el Congreso de la República la tal Autonomía Regional, pero los que se creen dueños de la Nación no lo han permitido ni lo van a permitir así esté escrito en la Constitución Política.

Un ejercicio que llamó la atención del nivel central fue el Voto Caribe. Ese ejercicio movió la fibra de los costeños que en las elecciones para Congreso de 2010  depositamos más de 2.500.000 votos en las urnas. Eso fue la prueba piloto de lo que se debe hacer para que no nos traten como a tontos fácil de engañar. @WILFRIDODELAHOZ


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