La tal reunión sí existió

Columnas de Opinión
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Se ha vuelto un común denominador del gobierno negar los hechos políticos y económicos. Tal vez toda la cadena de negación empezó cuando Santos creyó que fue su mérito el que lo llevó a la presidencia en 2010.
Después, siguió con la costumbre de negar los problemas cuando indicó que “el tal paro nacional agrario no existe”. La negación es, sin duda alguna, la peor de las estrategias, pues implica creer que no existe el problema o que el hecho político no ocurrió y así no analizar la situación para afrontarla. No sé si el gobierno aplica la negación por descuido inexplicable, torpe y sincero o adrede, como estrategia política, aun cuando cualquiera de las dos razones lo privan de conocer y analizar. El tema económico es otro ejemplo. Según Santos, la situación económica es resultado de la mala prensa. Niega a raja tabla que la incertidumbre política, generada por él, ha impactado la confianza del consumidor y del inversionista. Niega que la reforma tributaria también ha generado vientos adversos en la economía, especialmente en la inversión extranjera. En fin, todo lo niega, lo esconde o lo tapa. Para el Gobierno Santos vivimos en Dinamarca y no en Cundinamarca. Lo último es, por supuesto, la reunión de Trump con Pastrana y Uribe en La Florida. Según el Gobierno, la reunión no existió, o si existió, fue casual, y si fue casual, fue un simple apretón de manos o un saludo de pasillo. Una versión simplista y “light”, como si el jefe de la nación más poderosa del mundo se tropezara con dos expresidentes, líderes de la oposición de otro país, en un pasillo. Lo cierto es que el Senador Rubio debió organizar la reunión a petición del mismo presidente Trump, quien debe estar preocupado por el mar de coca en Colombia y por el foco socialista que es o puede ser Colombia.  El hecho incontrovertible es entonces que la reunión se dio y escapa de toda lógica pensar que el encuentro fue casual y breve, como si Trump se reuniera o tropezara con quien pasa por su conjunto privado o como si Uribe y Pastrana viajaran juntos a la Florida en simple viaje de vacaciones para comer en Mar A Lago. La sustancia debió ser toda. Debieron hablar de lo divino y de lo humano pero, sobre todo, de Santos, de las Farc, de los cultivos ilícitos, del robo del plebiscito, de la posición endeble de Colombia ante Venezuela, de las elecciones del 2018 y de la influencia de las Farc y sus dineros ilícitos en ellas.  Menos mal existe la oposición, y menos mal la oposición, encabezada por Uribe y Pastrana, logró una cumbre informal con Trump. Alguien le tenía que decir la verdad: Colombia va por mal camino. Alguien debía decir que en efecto se negoció un mal acuerdo con un grupo narcoterrorista, lo cual puede socavar la democracia colombiana y desestabilizar la región. Alguien le tenía que decir del mar de coca por la suspensión de las fumigaciones y de lo que significan los acuerdos de La Habana respecto a la impunidad, el narcotráfico como delito conexo y la entrega del país a las Farc. Esas son las verdades de apuño, los eventos políticos y económicos cristalinos, que Santos y sus querubines quieren ocultar. Trump tendrá mucho que estudiar y recapacitar antes de su reunión oficial con Santos. Y Trump lo verá como lo que es: un dirigente con poca favorabilidad y que vendió a Colombia a las Farc. Pero no es tarde aún. Todavía quedamos muchos capaces de resistir y de pensar que Colombia aún no está destrozada y que la institucionalidad perdida se puede recuperar. Y que aquellos que quieren seguir apostándole al fracaso de este Gobierno y sus políticas, sigan diciendo que la tal reunión no existió.


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