¡Qué orgullo ser colombiano!

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Lafaurie Bornacelli

Andrés Lafaurie Bornacelli

Columna: Opinión

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Por años hemos sido testigos, con algunas excepciones, que los colombianos somos uno de los pueblos más felices del mundo de acuerdo a diferentes estudios internacionales.
Esto no es poca cosa teniendo en cuenta las grandes dificultades sociales, económicas, políticas y, sin duda, la guerra en la que hemos vivido por los últimos 50 años.

Hoy me voy a sincerar con muchos de los lectores que a través de mis escritos en este diario se han dado cuenta de las numerosas reservas que tuve con respecto al proceso de paz que el gobierno firmó con la guerrilla de las Farc. Lo cierto es que, a pesar de no estar residiendo en Colombia en los últimos tres años, la verdad es que nunca he dejado de lado mis raíces, así como tampoco he abandonado mis deberes como ciudadano ni mucho menos me he desentendido de la realidad y de los sucesos que a diario allí acontecen.

Hace pocas semanas me fue encomendada una labor académica en la que debía realizar una investigación sobre el papel que juegan los recursos naturales en países con conflictos armados. Sí, escogí el caso de Colombia, primero por ser colombiano y conocer el tema, y segundo, con la intención positiva de que mi audiencia conociera de mi primera mano el maravilloso país que tenemos y las realidades que muchas veces la prensa internacional intencionalmente no publica.

A lo largo de la investigación descubrí datos sobre la guerra y el narcotráfico que, sin lugar a dudas, me alteraron e incluso alcanzaron, por un momento, llenarme de rencor en contra de esos agentes al margen de la ley que tanto daño le han hecho a nuestro país y que día a día y ante la mira impávida de todos los colombianos siguen enriqueciéndose.

Cuando hablo de rencor hago precisa referencia a que fue temporal, esto pues al concluir la investigación verdaderamente me di cuenta que, sin hacer expresa referencia a X o Y gobernante, la realidad del país ha cambiado desde la firma del acuerdo de paz.

No pretendo y no haré, por lo menos no en este momento, comentarios sobre la conveniencia o inconveniencia de los términos pactados en La Habana, lo que sí haré será tratar de narrarles las indescriptibles sensaciones que te invaden al presentarte frente a una audiencia ajena a nuestras realidades, a miles de kilómetros de nuestro país y con mucho orgullo decir: “Este es mi país y así está acabando la guerra¨.

Muchos dirán que la guerra no ha acabado, que es un falso estímulo mental o que es simplemente una falacia, pero más allá de todos esos comentarios, algunos de los cuales quizá por algún momento fui coadyuvante, la realidad es que hoy estamos viviendo en un país mejor.

Al momento de concluir mi presentación no sentí más que orgullo, satisfacción y admiración por nuestro pueblo, por nuestras capacidades, por nuestra templanza, por nuestra hermosa y envidiable manera de afrontar las adversidades y, como era de esperarse, me sentí más orgulloso que siempre de poder decir ¨Soy colombiano¨.

No escogí ser colombiano, simplemente tuve la maravillosa fortuna de serlo.

Hoy debemos estar más unidos, más fuertes, más conscientes y más orgullosos de poder trabajar por y para el país. Un país que por muchos años nos ha necesitado y que hoy empieza a ver los frutos de ese esfuerzo.

PD: El rencor es un sentimiento que no merece ocupar un espacio en nuestros corazones. Inclusive en los corazones de aquellos que hemos padecido la guerra en nuestras propias familias.

¡Feliz Martes!