El agua y los ODS

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Amilkar Acosta Medina

Amilkar Acosta Medina

Columna: Opinión

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La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medioambiente y el Desarrollo (CNUMAD) de 1992, que tuvo lugar en Río de Janeiro y que marcó un hito histórico, declaró el 22 de marzo de cada año como el Día mundial del agua. Se trataba y se trata de llamar la atención de la comunidad  internacional sobre la importancia del recurso hídrico, sobre la necesidad de protegerlo y hacer un uso más racional del mismo.
Ello es cada día más apremiante, dada la severidad y recurrencia de la variabilidad climática con sus fenómenos extremos de sequías e inundaciones prolongadas. Tanto más, habida cuenta de que las distintas actividades humanas dependen de su disponibilidad, de tal suerte que no se puede prescindir del agua. Como es bien sabido el agua dulce es un liquido vital e infaltable, que apenas representa el 3.5 %, en contraste con el 96.5 % de agua salada en el planeta tierra. El 30 % de ella se encuentra en reservorios subterráneos y si descontamos los casquetes polares y los glaciales constituye el 95 % del agua dulce líquida.

 Paradójicamente, el agua es un elemento que abunda en la naturaleza, toda vez que el 71 % de la superficie de la tierra está cubierta de agua, pero a la vez escasea en muchos lugares, en donde se dificulta el acceso a la misma. Se estima que un tercio de los 7.505´452.038 de habitantes en el mundo están asentados en zonas en donde no es fácilmente asequible, al tiempo que el 20 % de dicha población no cuenta con agua tratada para saciar su sed.

 Por lo demás, el agua potable dejó de ser hace rato un bien libre para convertirse en un bien económico, después de considerarse un recurso natural renovable, por cuenta del cambio climático, se tornó en un recurso natural no renovable y por lo tanto expuesto a su agotamiento. La presión de la demanda de agua es cada vez mayor, debido tanto al crecimiento vegetativo de la población como al uso más intensivo del preciado líquido. Según la FAO en los últimos 60 años se ha triplicado el consumo de agua en el mundo, siendo el sector industrial y agrícola los que acaparan el 92 % del mismo. 

Hay que recordar que la Asamblea General de las Naciones Unidas expidió en el 2010 la Resolución 64/292 que reconoce “el derecho humano al agua potable y al saneamiento” y reafirmó lo ya dispuesto en el 2008, en el sentido que “un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos”. Inexplicablemente el Proyecto de ley que convertía el acceso al agua potable como un derecho fundamental en Colombia se hundió en el Congreso de la República en diciembre del año anterior. 

Los 17 Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) 2000 – 2015, con sus 40 indicadores, cedieron su lugar a los 17 objetivos y 169 metas de los Objetivos del Desarrollo Sostenible 2016 -2030. El agua, como tenía que ser, la defensa y protección, así como el acceso al agua potable y su gobernanza, están en el centro de los ODS. El Objetivo 6 (agua limpia y saneamiento) tiene entre otras metas: lograr el acceso universal y equitativo al agua potable y a los servicios de saneamiento, a un precio asequible para todos, la utilización eficiente del recurso hídrico. Se procura también mejorar la calidad del agua mediante la reducción de la contaminación, la eliminación del vertimiento y la reducción al mínimo de la descarga de materiales y productos químicos peligrosos.

 De allí que este año haya dispuesto las Naciones Unidas poner el foco en el agua residual o servida que se desecha después de su uso, propendiendo por su reducción, así como la posibilidad de su reciclaje y reutilización de la misma, desde luego después de ser tratada. Mucha de esa agua residual que se vierte a ríos, quebradas y afluentes, así como al sistema de alcantarillado, puede aprovecharse ya sea para usos industriales o en la agricultura. De esta manera se puede lograr que el ciclo del agua funcione de forma más satisfactoria y así optimizar su aprovechamiento.