Reina la confusión

Columnas de Opinión
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Nació en 1934, y desde que tengo memoria paraliza el país. Es el evento de este tipo más importante de Colombia en toda su historia. Me refiero al Reinado Nacional de la Belleza en Cartagena.


Revisar la historia del reinado es darle una mirada a como Colombia ha asimilado las tendencias mundiales. Por ejemplo, el mismo año que llegó la televisión a colores a Colombia, se dio inicio al desfile en vestido de baño. La progresiva encuerada de las mujeres es una de las victorias del movimiento feminista, que poco a poco ha torpedeado los pudores de la mojigata sociedad colombiana.

Aunque el papel de la mujer en la familia y la sociedad –por lo menos en las selvas urbanas- ha sufrido enormes cambios, y de que hoy la mujer compite con los hombres en los espacios que antes nos estaban reservados, sorprende el que el Reinado haya sobrevivido al tsunami de la revolución femenina.

La belleza siempre será admirada, pero hoy las mujeres quieren ser valoradas por otros atributos, principalmente competencias profesionales. Contrariando nuestras inclinaciones naturales de machos alfa, nos quieren convencer de que es mejor fea inteligente que bonita bruta, y que debemos rendirnos ante los encantos de las profundidades de las circunvoluciones cerebrales y no ante una cara angelical con curvas perfectas. ¿Cómo serían los piropos? Así las cosas, la vitrina de la belleza femenina colombiana o reinado de Cartagena, atenta contra el ideal de la colombiana moderna: súper ejecutiva y súper de todo. Ojala no llegue el malhadado día en que la ciencia logre que los hombres paramos hijos y menstruemos, porque entonces se jode el fandango, y a trepar árbol se dijo porque es que parir un hijo duele demasiado. De solo pensarlo se provoca uno de la epidural.

¿Cómo sobrevive una contradicción tan grande? Porque es un negociazo que mueve el turismo en Cartagena. Tan bueno es, que ha sido copiado por casi todos los municipios, veredas, colegios y barriadas de Colombia, convirtiéndonos en el país de los reinados. Los medios, como la televisión, le dieron al reinado “nacional” una relevancia comercial y publicitaria sin precedentes, a tal punto, que reina mediática y que genere rating, una vez terminado el reinado, tiene asegurado el salto a la farandulería. ¿Dónde quedó la inteligencia? Paradójicamente, se alcanza el éxito con base solo en la belleza física. Y si la reina es maluquita, porque de que las hay las hay, y como era de esperarse, le va mal, no se desamine familia que no todo está perdido: el premio de consolación puede ser una relación amorosa con un inversionista de alto riesgo. A ese tipo de inversionistas solo les interesa presumir con la marca del reinado; será maluca y todo lo que uno quiera, pero participó en Cartagena y eso despierta envidia ajena...o eso es lo que él cree. No hay que ruborizarse tanto, que tener un yerno traqueto pasa hasta en las mejores familias.

Cualquier colombiano desprevenido pensaría que a las colombianas les interesaría acabar con la ignominia del reinado de Cartagena, pero no es así. ¿Por qué? Solo hay que ver la lista de demandas no negociables de las “feministas”: Príncipe azul de rancio abolengo, millonario, atlético, joven, poeta, seductor, y ojala extranjero. ¿Qué tendrán contra el depreciado circulante nacional? Que les “prohíba” trabajar y les provea una tarjeta de crédito sin límite para que puedan satisfacer absolutamente todos sus costosos caprichitos.

Lo digo en voz baja por miedo a que mi señora se moleste: Colombia es un país machista. La sorpresa es que las mujeres son más machistas que nosotros. Los hombres estamos muy confundidos. Ya no sabemos si llorar atenta contra la masculinidad, o si nos prefieren al natural –machos de pelo en pecho- o metrosexuales de pecho y cejas depiladas, fanáticos de las mascarillas y del manicure semanal.

La verdad, el reinado de Cartagena es una contradicción menor en la galáctica –ellas de Venus y nosotros de Marte...y viernes y...- batalla de los sexos. En macholandia reina la confusión y el caos. Mujeres necias: hacednos cual nos queráis, o querednos cual nos hacéis.

Mientras se aclara la confusión, ¿alguien sabe de una buena mascarilla para las bolsas debajo de los ojos?


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