Vive todos tus años con valor

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Escrito por:

Alberto Linero Gómez

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

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tNos encontramos inmersos en una sociedad que le tiene miedo a la vejez. Se hace todo lo que esté al alcance para evitarla, para que los años que pasan se noten lo menos posible tanto en el aspecto físico, el emocional, actitudinal, etc. Vivimos incluso en una sociedad que busca la forma de hacer ver más joven a la persona a medida que pasa el tiempo. Creo que esto es un error. Por mucho que hagamos y por más que quisiéramos no podemos detener el tiempo. Por esto para mí lo impórtate es saber cómo envejecer; desde esta premisa te propongo cuatro actitudes a tener presente en este proceso de envejecimiento:


1. Ser digno; no por tener más años, no por estar menos en forma físicamente somos menos persona que nadie. Hay que evitar hacer el ridículo con actitudes que no nos corresponden y que develan una gran inmadurez en nuestro corazón. Buscar parecer algo que no hemos sido puede traernos consecuencias poco favorables en nuestra relación con la familia más cercana, amigos y con quienes mantenemos algún contacto cotidiano. Por otro lado, forzarnos a tener actitudes contrarias a las que estamos acostumbrados en ocasiones nos puede causar frustración y genera incluso cambios bruscos en nuestro estado de ánimo, ya que estamos yendo en contra de acciones, creencias y formas de ser que nos han acompañado durante toda la vida. Por tanto, fortalece lo que eres y reconoce cada competencia que te ha permitido dar pasos hacia adelante en la vida.

2. No desprecies a los jóvenes por su edad. Así como hay que ser una persona mayor digna, también es necesario que se tenga respeto y se valore a aquellos de menor edad que tienen conceptos y posturas ante la vida muy distintas a las nuestras. Se aprende mucho de los jóvenes si se les ve con apertura y amabilidad. Hay conceptos nuevos, metodologías y facilidades tecnológicas que sin lugar a dudas son útiles en cualquier edad y nos permiten fortalecer nuestros vínculos con los demás.

3. Encontrar en los coetáneos espacios para compartir, dialogar, recordar y vivir momentos agradables. Siempre es bueno hacer un grupo con el que se comparte y se vive el momento actual. Algunos tenemos la dicha de tener estos grupos desde hace años, sin embargo, nunca es tarde empezar a construir nuestro propio espacio de encuentro con amigos de la misma edad, con quienes compartir gustos, hobbies, historias y momentos.

4. Hay que aceptar los años y las características de esta nueva etapa que siempre tiene posibilidades que las otras no tienen. Cada etapa de la vida tiene dimensiones que la enriquecen y hay que vivirlas apasionadamente. No se trata de estar deseando lo que no se tiene, sino por el contrario agradecer lo que ya se es y se tiene. Existe detrás de cada año vivido un cúmulo de experiencia y vivencias que nos permiten ser lo que somos. Por tanto, aprovecha lo vivido, compártelo y permíteles a los demás también crecer a partir de lo que ya has podido experimentar.

Tengamos la certeza que Dios ha estado en nuestra vida, nuestra historia y en nuestro caminar aun antes de que lográramos reconocerlo nosotros a Él. Por tanto, si nuestra historia ha estado marcada por la presencia de Jesús, no borremos nuestros años, sino vivamos los que vienen con la confianza que Dios va con nosotros y con el deseo de que nuestra vida toda sea una muestra de su amor por nosotros. Dios nos reconoce valiosos en todo momento de nuestra vida y en cualquier edad que tengamos, miremos con amor nuestros años y seguro iremos dando pasos a una vejez más feliz.

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