Eterna, Aretha Franklin

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Siempre he dicho que es mejor despedirse a tiempo, cuando te piden que sigas, y no salir a sombrerazos y se diga que afortunadamente te echaron.
Los ciclos vitales tienen su fecha de vencimiento, y el retiro oportuno es signo de inteligencia. Jamás se debe seguir donde no se necesita ni se le quiere. Sin embargo, algunas personas quedan eternamente y trascienden más allá de su ámbito y su tiempo. Aretha Franklin es una de las grandes voces femeninas de la historia; cada quien en su estilo, póngala usted al lado de Celia Cruz, Ella Fitzgerald, Liza Minelli, Ellis Regina o Edith Piaf. En cualquier listado, muchas quedan por fuera y las polémicas son interminables, pero siempre habrá una sola corona y miles de maravillosas aspirantes. Aretha ciñó indestronable la diadema del soul.

El 6 de diciembre de 2015, en la entrega de los Premios Kennedy, se homenajeaba a la inmortal estrella estadounidense Carole King: era su noche. Una inesperada invitada irrumpe en escena a contraluz, enfundada en un abrigo de visón a modo de capa real, se sienta al piano y las luces ahora muestran a la indestronable reina del soul, Aretha Franklin; un coro de cuatro personas la sigue impecablemente. Para asombro de la homenajeada, interpreta en su grandioso estilo la histórica pieza “(You make me feel like) A natural woman, coescrita por Carole King, Gerry Goffin y Jerry Wexler, que la rubia cantante apropió para siempre. Presente en la premiación, el entonces presidente Obama no pudo disimular su emoción, y las lágrimas de los asistentes aparecen inocultables, incluso para los otros homenajeados, George Lucas, Rita Moreno, Seiji Ozawa y Cicely Tyson. Es imposible contenerse ante la historia viva presenciada en directo.

Las mejores voces del soul y el jazz estadounidense se formaron en los coros de góspel, verdaderas academias del canto. Ese piano que siempre acompañó a Aretha Franklin fue amor a primera vista; autodidacta del teclado, de extraordinaria voz, impecable entrega y ejecución insuperable, irrumpe en el momento justo influenciada por Ella Fitzgerald y Dinah Washington. Columbia Records quiso orientarla al jazz; ella impuso su vocación de soul y rythm and blues. “Runnin’ out of fools” la hace conocer, cambia de disquera y llegan éxitos como “I’ve never loved a man”, “Say a little prayer for you” y “Respect”, convertida esta última en la banda sonora de las luchas feministas de entonces y los movimientos por la reivindicación de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos. Un verdadero artista trasciende los odeones y deja su impronta en la sociedad. En un mundo excesivamente machista, Aretha imponía por vez primera una voz femínea en escenarios y acetatos. Apadrinó a maravillosas intérpretes negras: Nina Simone, Roberta Flack y Beyoncé. Con Aretha, las mujeres afroamericanas ya tienen espacio propio, y Estados Unidos vibra al ritmo de esta negra asombrosa.

La reina del soul sigue creciendo; en los ochenta, plena de premios y reconocimientos, pasa por el cine, versiona a los Rolling Stones (“Jumping Jack Flash”), en fin, hace lo que quiere y logra lo que se propone, convirtiéndose en leyenda viviente y en la persona más influyente de la música de su tiempo. Es la primera mujer en entrar al Rock and Roll Hall of Fame. Para la revista Rolling Stone, ella ha sido la mejor cantante de todos los tiempos.

La hija del predicador Clarence LeVaughn y la cantante de góspel Bàrbara Franklin nació en Memphis (Tennessee), comparte cuna con otros grandes artistas como Isaac Hayes, Justin Timberlake y Anita Ward, y es la misma ciudad donde vivieron Elvis Presley, John Cash y B B King. Las raíces del góspel son imborrables en la carrera de Aretha y las clases de técnica vocal en Nueva York marcan su estilo; desarrolla una carrera estelar de principio a fin, y su estrella relumbra en el firmamento de la música universal. Los grandes saben retirarse a tiempo, sabiendo que su legado crece día a día. Aretha no deja vacíos sino tesoros musicales que serán referentes por siempre. Lo más importante, su influencia en la lucha por los derechos de las mujeres y los derechos civiles de los negros en una nación caracterizada por su marcado racismo. Respect, diremos eternamente. Gracias, Aretha.
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