Ese muerto si lo queremos

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

Se estima que el carnaval de Barranquilla este año movió más de 20 millones de dólares, lo cual impactó positivamente la economía currambera. Esto equivale, aproximadamente, a un 8% del presupuesto de Santa Marta para el 2017. El Carnaval se ha venido posicionando por décadas, al punto de ser declarado por la Unesco patrimonio cultural e inmaterial. Carnavales de otras latitudes también dejan exorbitantes ganancias, como el de Rio de Janeiro. Conclusión: carnaval posicionado es billete asegurado, y Santa Marta tiene que ser parte de este negocio.


Podríamos beneficiarnos indirectamente del de Barranquilla, promoviendo nuestra hotelería para que los turistas se queden en Santa Marta y gocen en la Arenosa, o para que desenguayaben en Santa Marta una vez concluido el carnaval. Pecan en Barranquilla y en Santa Marta les ponemos las cenizas.

La estrategia más deseable es posicionar mejor el carnaval de Santa Marta aprovechando las ventajas comparativas que tenemos. Me han comentado, aunque no me consta, que se gasta mucho pecando y poquito arrepintiéndose. Los turistas pueden hacer ambas cosas en Santa Marta...total, estamos bien de confesionarios, y las penitencias podrían ser pecuniarias...así ganamos por punta y punta.

Si Santa Marta moqueó a Bolívar, con mucha más razón al buenazo de Joselito que es un muerto muy rentable y tiene la ventaja de morirse todos los años.

Primero solucionemos lo básico: infraestructura, servicios y seguridad. Coetáneamente planeamos y nos preparamos para las cosas grandes.

Así como unos samarios en el siglo pasado se inventaron la Fiesta del Mar, a nosotros nos corresponde inventarnos eventos a lo largo del año para dinamizar el turismo; digamos un evento al mes, y mejor si coincide con los puentes Emiliani.

Santa Marta necesita un sitio para grandes conciertos y un centro de convenciones de verdad. Invirtamos en bienes que nos den la posibilidad de explotar económicamente nuestra vocación turística y que nos hagan más competitivos. Las Vegas era un desierto lleno de coyotes, alacranes y culebras antes de convertirse en la meca del juego y de los grandes eventos.

Nos ha ganado la pereza y nos hemos conformado con mostrar nuestras bellezas naturales bajo el epíteto de ecoturismo. Dicho turismo es un nicho pequeño de baja rentabilidad y poco escalable. En estas condiciones es imposible que el turismo sea la industria, la locomotora, que jalone el desarrollo de la ciudad. Apostémosle a segmentos más rentables y que nos permitan adueñarnos de un buen pedazo de la torta. Pensemos en grande.

Los cambios transformativos toman tiempo. Convertir a Santa Marta en una de las joyas del turismo internacional demandará cuantiosas inversiones. Probablemente necesitaremos inversión extranjera, además de conocimiento, y desafortunadamente en estos momentos la percepción riesgo país nos hace un destino de inversión poco atractivo. Los vientos nos serán favorables en algún momento, y mientras llegan, podemos hacer mucho con el capital y conocimiento al que tenemos acceso.

Tal vez lo que estoy diciendo ya está contemplado en las metas de la iniciativo de Carlos Vives. Sin embargo, Carlos solo no puede con todo lo que hay que hacer. Además, el desarrollo de la ciudad nos compete a todos los samarios; todos podemos poner nuestro granito de arena.

Lo hecho hasta el momento en materia de turismo es rudimentario, caótico y disperso; mas fruto de la improvisación que de una estrategia. Necesitamos un norte claro, una hoja de ruta que garantice la consecución de las metas, y esfuerzo sostenido en el tiempo.

Indudablemente, el liderazgo le corresponde por derecho propio tanto al gobierno distrital como departamental y a los líderes de la comunidad que tienen acceso a los centros de poder. Y le corresponde principalmente a Cotelco, el cual debería ser el gremio más importante de la ciudad. Tristemente, Cotelco ha sido un tigrito de papel incapaz de asumir el liderazgo en el diseño y articulación de una agenda de desarrollo para la industria turística. Tal vez no son los que están, y no están los que son. A Cotelco Santa Marta le falta verraquera.

Lo único que le hace falta a Santa Marta para tenerlo todo es magia. ¿Cuál? Pues, la magia de querer unirnos para trabajar con tesón por una causa común y para hacer realidad los sueños tanta veces postergados.
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