El camello y sus ataduras

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Pedro Pabón Miranda

Pedro Pabón Miranda

Columna: Opinión

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Hace algunos años escuché a un sacerdote jesuita contar la siguiente historia: «Un mercader árabe conducía una caravana de veinte camellos y un puñado de hombres. 
Llegada la noche decidieron acampar en las cercanías de un oasis, por lo que ordenó atar cada camello a una estaca con el fin de que no escapasen durante el descanso. Sucedió entonces que uno de los hombres descubrió que solo había diecinueve estacas e igual cantidad de cuerdas y que no había como atar al último camello. Le planteo el problema al mercader y éste le contestó: —Es muy sencillo, párate delante del animal y finge que lo atas. El camello es muy tonto y creerá que está atado. No se moverá—.

El hombre cumplió la orden de su jefe y, efectivamente, el camello no se movió de su lugar durante toda la noche. Por la mañana, al ponerse en marcha la caravana los hombres se quejaban de que el camello rehusaba moverse. Planteado el problema al mercader, éste respondió: —Es muy lógico, se han olvidado de desatarlo—.» Al igual que el camello de la historia, los hombres viven atados a sogas y estacas ilusorias de las que resulta muy difícil evadirse. 

Sobre estas cadenas nos alertan numerosas filosofías y escuelas de pensamiento que, en su gran mayoría, han sido fundadas por hombres que comprendieron lo ilusorio de estas cadenas que nos atan a nosotros mismos. Dentro de las más grandes ataduras que como sociedad hispano-parlante hemos sufrido en la América, ha sido un pasaje bíblico, el cual dice: “entra más fácil un camello por el ojo de una aguja, que un rico al reino de Dios” (Marcos 10:24, Mateo 19:23 y Lucas 18:24). Esta cadena, implementada por la iglesia católica en contubernio con el Imperio Español, conquistaron y colonizaron territorios desde el sur del río Misisipi hasta la Patagonia, cercenando de un tajo las iniciativas empresariales para la autosuficiencia y desarrollo como individuos responsables de su destino; en contrario sensu lo acontecido en las colonias anglosajonas con orígenes religiosos básicamente Calvinistas, en las cuales el individuo desarrolla el libre albedrio, se estimula el trabajo y la acumulación de la riqueza; ellas han sido consideradas el germen del desarrollo de la democracia y bienestar en esas sociedades, además que religiosamente éstas han sido definidas como señales divinas de estar en camino de la salvación. 

Esta misma cadena ha sido colocada en el cuello a los habitantes de dos países por cuenta de sus líderes “progresistas”, como lo fue el Comandante Hugo Chávez para Venezuela y los esposos Kirchner para la Argentina. 

Esta nueva colonización ideológica identifica al habitante como un ser indefenso que requiere de un Estado fuerte que provisione todas sus necesidades (entrada al cielo garantizada), sin más esfuerzo que militar en las huestes gobernantes (todo derechos y nada de deberes); responsabilizando al sector empresarial de todos los males que han acontecido, acontecen y acontecerán (ricos como camellos tratando de entrar por el ojo de una aguja), salvo si estos contribuyen económicamente a los miembros del gobierno.

 Ahora, aterrizando en nuestro terruño, tal como el vigésimo camello de la historia, nos mantenemos atados a un régimen político al cual, gracias al proceso de paz con las FARC, ha puesto en evidencia que una de las causa más fuertes del subdesarrollo es el proceso corrupto de como se han manejado las finanzas públicas. Colombia en el 2016 creció el PIB igual al promedio latinoamericano, un 2%; con un sector petrolero que no aportó, es más, hubo que devolver anticipos recibidos.

Además, conforme a la Procuraduría y la CGR, al país por corrupción se le sustrajo el 4% del PIB (unos $50 billones); bajo este diagnóstico, de no existir corrupción, el país habría crecido un maravilloso 6%, lo cual nos catapultaría en el bienestar social y económico en el concierto internacional. 

Con la paz en proceso de consolidación, la sociedad clama porque la caravana siga su curso y para efectos de soltar al vigésimo camello se ha presentado una reforma política con la cual se pretende depurar el enquistamiento tanto en el poder ejecutivo como en el legislativo de personas que representan empresas electorales; las cuales han esquilmado la salud, educación, seguridad, vías, al igual que nuestro trabajo. De las propuestas vale resaltar el fortalecimiento de los partidos a través de la implementación de las listas cerradas, la obligatoriedad del voto y el financiamiento exclusivo del estado de las campañas electorales.

Bajo este esquema, los partidos políticos deberán ser la expresión ideológica de cómo propiciar el bienestar de una comunidad, región y/o del país; rompiendo así las estructuras delincuenciales incrustadas en el poder político. 

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