Pedro Castro

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Quintero Olmos

Andrés Quintero Olmos

Columna: Pluma, sal y limón

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Hoy exactamente hace 50 años moría el vallenato más ilustre: Pedro Castro Monsalvo.
El paso del tiempo es cruel, ya pocas personas de mi generación saben quién fue. Quizás tras cantar alguna que otra canción vallenata se podrían dar cuenta de lo importante que fue él para nuestra vieja región del Magdalena Grande y, sobre todo, para la provincia vallenata, “la tierra de Pedro Castro” como decía Rafael Escalona. 

En estos fugaces días donde florecen los escándalos de corrupción, no parece descabellado referirse a estos personajes de la vieja política, de la vieja sapiencia. Pareciera idóneo recordarles a esos ladrones honrados de hoy, que quizás estén leyendo estas palabras, que en tiempos no tan lejanos existían políticos verdaderamente decorosos que hacían obras y trabajaban para su pueblo sin cobrar comisiones, robarse la comida de los niños o comprar votos. En épocas no tan antaña, Pedro Castro conseguía votos con cultura, argumento y liderazgo. Su notoriedad era su fama, y no como en estos días donde erróneamente la fama hace la notoriedad.

En la era de Pedro Castro, los compositores escribían rimas y versos con su nombre para magnificar su integridad (hoy los nombramientos se compran). Prueba de esto es que Escalona, en su canción La Custodia de Badillo, profesaba ante tanto ratero honrado la siguiente trama: “Parece que el inspector como que tuvo miedo, mucho miedo en este caso para proceder, porque todavía no han dicho quién es el ratero, aunque todo el mundo sabe quiénes pueden ser, seguramente que no fui Yo, ni Alfonso López, ni Pedro Castro”.

No en vano José Maria Chema Gómez, en su canción Compae Chipuco, también mostraba la probidad y referencia moral del personaje: “Soy vallenato de verdad, no creo en cuentos, no creo en nada, solamente en Pedro Castro, el Santo Ecce Homo, Alfonso López y nada más”. Gobernador en dos ocasiones del Magdalena Grande, Senador de la República, Ministro de Correos y Telégrafos y Ministro de Agricultura, su mentor político fue Alfonso López Pumarejo y lo que más lo destacaba era el amor por su tierra costeña y la lucha contra el centralismo.

En una oportunidad en el Senado le replicó a un Ministro cachaco de esta manera: “...Yo a veces dudo si estaría en la Procuraduría (...) un magdalenense ciento por ciento, como nosotros, con olor a Ciénaga Grande, a banano, a toda esa cosa que le da característica a nuestro departamento”. 

Pedro Castro pudo perfectamente ser Presidente de la República pero un accidente en carretera por Ciénaga lo dejó sin vida. Detrás de este gran hombre -como es normal- había una gran mujer, su esposa Paulina Mejía, quien fue representante de Colombia ante la FAO y Gobernadora del Cesar. Es imprescindible mirar al pasado para tener esperanza.

Mi generación no puede caer en la tentación materialista de utilizar el erario para sí mismo. Por eso, tenemos que resaltar a líderes ejemplares como Pedro Castro para rememorarnos que la política no es un medio para enriquecerse, sino el fin cultural para enriquecer a la sociedad. PS: A mi Padre Clemente, el más Castro de los Quintero. @QuinteroOlmos