La hora de la acción

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Hoy es el último día de Carnaval, cuando muere Joselito y se entierra en medio de las lágrimas y del consuelo de todas sus viudas. Sobran las ceremonias funerales insólitas, donde el trago, la rumba, y por qué no, el físico agotamiento de cuatro días de fiesta ha acabado con las energías carnavalescas de muchos. Ojalá estos días hayan servido para consolidar la fama de estos festejos como muestra de civilidad, y que todas las amenazas de inseguridad que se han presentado en Barranquilla se hayan podido controlar. Hemos visto al gobernador Verano muy activo y preocupado frente a la avalancha de casos de inseguridad ciudadana que se han venido presentando en la ciudad. Al alcalde Char sí hay que recordarle que él es el jefe de la policía, de manera que no se puede quedar en culparlos de lo que sucede. Ojalá se haya dado esa llave necesaria entre estos dos mandatarios, y los Carnavales hayan continuado con la tradición positiva que han logrado consolidar.

Pero se acabó este largo período de Carnaval que empieza a finales del año anterior, que sigue durante diciembre y enero y que solo termina el Miércoles de Ceniza. Llegó la hora de empezar a desarrollar las tareas pendientes de la ciudad y el departamento. Sin duda, la prioridad es la inseguridad ciudadana que ojalá haya tenido una pausa en los últimos días. Pero detrás de este grave problema, están los de siempre que no se relacionan con la violencia urbana: la estratificación social, la desigualdad de oportunidades, la violencia intrafamiliar —y específicamente contra las mujeres y niñas—, la informalidad, entre muchos más que ya no dan espera.

Por enésima vez, es bueno recordar que el Atlántico no es solo Barranquilla, y que esta ciudad no es aquella de la 72 hacia arriba. Los desequilibrios en términos de desarrollo y de calidad de vida entre la capital del departamento y el resto, realidad que también se observa en los otros departamentos de la Región Caribe, puede resolverse si hay la voluntad política de hacerlo. Sin embargo, con frecuencia se siente el aire de superioridad de los barranquilleros frente a sus conciudadanos de Soledad, Malambo, Baranoa; para no hablar del Sur del departamento, que no logra tener su cuarto de hora. Y no es con limosnas como se soluciona su atraso y sus tragedias prevenibles y predecibles, sino con compromisos serios de integrarlos a la dinámica de Barranquilla.

Tampoco la capital del departamento será lo que esperan sus dirigentes más destacados si los barrios marginados, llenos de desplazados, solo tienen “la música, el baile y el trago” para alegrar sus vidas. ¿Qué pasó con la Zona Negra? Valdria la pena saber. La distancia entre la Barranquilla pudiente y la pobre es un freno a todos los buenos propósitos que buscan los dirigentes de la ciudad. Ojalá este Carnaval haya sido igual o mejor que los anteriores y se hayan recargado las pilas, porque llegó la hora de la acción.

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